El actor mexicano Alejandro Speitzer cierra un ciclo de sanación con la obra de teatro “Cruise”, revelando que enfrentó miedos y crisis personales durante las 130 funciones (Video)
Ciudad de México.- A veces olvidamos que detrás de las luces de Cannes y las series de Netflix, los artistas también pasan por rachas donde el ánimo no da para más. Este es el caso de Alejandro Speitzer, quien tras concluir la temporada de su obra Cruise: Mi última noche en la tierra, decidió soltarlo todo frente a la cámara. Con los ojos rojos y la voz entrecortada, el actor nos recordó que el éxito profesional no siempre va de la mano con la paz mental.
Un proceso terapéutico bajo los reflectores
El actor Alejandro Speitzer no solo se despidió de un personaje; se despidió de un salvavidas. Según lo que él mismo relató en sus redes sociales, este proyecto llegó justo cuando atravesaba una crisis personal que lo tenía contra las cuerdas. Lo que muchos no sabían es que su decisión de subir al escenario fue, literalmente, una prescripción médica.
“Se lo compartí a mi psicólogo… Me dijo: ‘Alejandro, lo que tú necesitas es meterte al teatro, es encerrarte ahí'”, confesó el intérprete. Y es que enfrentar un monólogo de 70 páginas mientras lidias con un “momento de mucho dolor” suena a un reto titánico. Sin embargo, para el protagonista de Oscuro Deseo, el arte se convirtió en la mejor medicina para sanar sus propias heridas mientras le daba voz a una realidad tan cruda como el VIH en los años 80.
El impacto de “Cruise”

¿Por qué es tan relevante lo que hizo Alejandro Speitzer? Primero, por la temática. Cruise: Mi última noche en la tierra no es cualquier obra; es una crónica dolorosa y necesaria sobre la crisis del sida. Speitzer interpretó a un joven que vive con el virus, enfrentando prejuicios que, lamentablemente, todavía resuenan en nuestra sociedad.
Además de su faceta como actor, Speitzer fungió como productor, demostrando que su compromiso con la historia iba más allá de lo laboral. Al cumplir 30 años, el actor reflexionó sobre la fortuna de envejecer, un privilegio que a muchos de los personajes que inspiraron esta obra les fue arrebatado. Este tipo de declaraciones ponen sobre la mesa la importancia de la salud mental en figuras públicas, rompiendo el tabú de que “los hombres no lloran”.
Después de 130 funciones, el balance es positivo pero agotador. Haber participado en producciones internacionales como Alguien tiene que morir o La cabeza de Joaquín Murrieta le ha dado tablas, pero ‘Cruise’ parece haberle devuelto la humanidad. Aunque la temporada en la Ciudad de México ha llegado a su fin, el mensaje de resiliencia de Alejandro queda grabado en sus seguidores.

