La Iglesia invita a ayunar del lenguaje violento en Cuaresma, promoviendo la renovación espiritual y la convivencia pacífica.
La Iglesia Católica a través de la Arquidiócesis de Morelia convocó a la población a “ayunar del lenguaje violento” durante la Cuaresma, al advertir que las palabras también pueden herir, dividir y profundizar el clima de confrontación social.
Este domingo, durante la homilía dominical en la Catedral de Morelia, el arzobispo José Armando Álvarez Cano llamó a entender el ayuno más allá de lo material, al señalar que no sólo implica abstenerse de alimentos, sino también de expresiones ofensivas, agresivas o que denigren a otras personas.
En su mensaje, enmarcado en la recta final de la Cuaresma rumbo a la Semana Santa, el prelado subrayó que este tiempo litúrgico es una oportunidad de renovación espiritual, en la que los creyentes deben volver a lo esencial y revisar su vida cotidiana.
“Yo soy la resurrección y la vida”, citó al referirse al Evangelio del día, al explicar que el centro del mensaje cristiano es la posibilidad de una vida nueva, no sólo en sentido espiritual o eterno, sino también en la vida diaria.
Advirtió que actitudes como el egoísmo, la envidia y el resentimiento representan formas de muerte espiritual que alejan a las personas de ese llamado a la renovación.
“El que vive en pecado, vive en la muerte”, expuso al retomar el sentido de las enseñanzas bíblicas.
Álvarez Cano insistió en que para alcanzar esa vida nueva es fundamental aprender a escuchar, tanto a Dios como a los demás, y eliminar aquello que impide ese encuentro.
En ese sentido, comparó las resistencias internas con “piedras” y “vendas” que deben ser retiradas para poder avanzar.
“Tenemos que quitar esa piedra que nos impide escuchar al Señor”, expresó, al señalar que la soberbia, el pecado y otras conductas arraigadas obstaculizan la transformación personal y comunitaria.
Semana Santa
El arzobispo también vinculó este proceso con el sentido de la Semana Santa, al indicar que los pasajes evangélicos de las últimas semanas conducen a una afirmación de fe.
Recordó los testimonios de la samaritana, el ciego de nacimiento y Marta, quienes reconocen a Jesús como el Hijo de Dios.
Señaló que ese camino culmina en una confesión de fe que debe traducirse en acciones concretas, en un contexto social marcado por la violencia, donde el lenguaje y las actitudes cotidianas inciden directamente en la convivencia.
Finalmente, llamó a los fieles a prepararse para la Semana Santa mediante el silencio, la lectura de la palabra y la reflexión, como parte de un proceso que permita reconstruir tanto la vida personal como el entorno social.

