Dos semanas de amargas señales en Michoacán

Dos semanas de amargas señales en Michoacán

Francisco Lemus | Twitter: @PacoJLemus

Se podría pensar que después del pésimo trabajo hecho por el ex gobernador, Silvano Aureoles, prácticamente cualquier cosa puede ser mejor, sin embargo, dos semanas han bastado para ir dejando el amargo sabor del desdén en muchos de los michoacanos cuyas ilusiones estaban puestas en el cambio de administración.

Contrario a lo que se esperaría, los principales cuadros del nuevo gobierno muestran muy pocos cambios con respecto a las últimas administraciones, de hecho, este nuevo gobierno es una abigarrada mezcla de personajes que han formado parte del poder en Michoacán durante las décadas más recientes, gobiernos que han dejado mucho que desear en general.

Apelando a la pluralidad se ha integrado a diversos personajes cuya militancia política se encuentra muy lejos de ser la de la supuesta izquierda electoral que representa Morena. Y en ello ha mandado un pésimo mensaje a la mayoría de los simpatizantes y militantes del partido guinda: la total falta de compromiso de parte del gobernador hacia ellos.

Y el resto de la población, independientemente de su filiación qué puede esperar, si el actual gobierno se pasó por alto los legítimos intereses de aquellos que sostuvieron e hicieron campaña a favor de Ramírez Bedolla (a veces con recursos propios), quienes sólo recibieron como respuesta la insultante frase: “si quieren puestos vayan al mercado”.

La pluralidad es necesaria, no hay duda de ello, pero ésta se construye con acuerdos, no por decisiones unilaterales, que más bien parecen seguir una fórmula que pretende imitar la cúpula de la dirigencia nacional: cooptar a personajes de otros partidos para que hagan campaña por Morena en las siguientes elecciones.

Esa fórmula, pareciera funcionar, hay que recordar en 2018 a personajes que solían ser totalmente adversos a López Obrador, desdiciéndose de sus diatribas. El calderonista Germán Martínez, el ultraderechista Manuel Espino o la célebre comunicadora Lilly Téllez son ejemplo de ello. Y también ahora podemos ver lo efímero del resultado de su cooptación electoral.

Mario Delgado está construyendo la campaña a la presidencia de su progenitor político, recurriendo a una vieja premisa del poder político en México, tratando de construir relaciones en torno a él para con ello garantizar la victoria en 2024. Sin embargo, Morena ganó las elecciones del 2018 más por el hartazgo de la mayoría hacia la rancia clase política, que por la propaganda de los cooptados.

En Michoacán el mensaje ya ha sido enviado: cambiar para que las cosas sigan iguales. Adicionado con una muy nefasta particularidad: es mejor hacer campaña en contra de Morena para así lograr obtener un espacio en la toma de decisiones. Mientras los militantes y simpatizantes del partido, sólo deben aceptar y contentarse con saber que han elegido a “la esperanza de México”.

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Morena, siguiendo los pasos de su líder moral, confía soberbiamente que el grueso de su electorado no tiene otra opción, que por convicción va a votar por aquellos que sean ungidos como sus candidatos, por la mediocre fórmula del “menos peor”, y ello les basta. Sin aventurarse a más, pero sobre todo sin mostrar un verdadero compromiso con sus electores.

Tal vez es muy pronto para lanzar estas críticas, pero tras los traumáticos gobiernos de las dos últimas décadas en Michoacán, es justo exigir que desde el principio se muestre una verdadera convicción de cambio, o muy pronto el bono de legitimidad del nuevo gobierno quedará agotado, y con ello será simplemente más de lo mismo.