El caso Lozoya: la forma y el fondo

El caso Lozoya: la forma y el fondo

Francisco Lemus | Twitter: @PacoJLemus

Un viejo cliché reza que en política la forma es fondo y el fondo es forma, suena trillado y a fórmula prefabricada, sin embargo, tiene mucho sentido y es sorprendente que un viejo lobo de mar como el actual presidente de México, tenga tan mal manejo de esas formas, pues aún con tanta exposición mediática no logra controlarlas efectivamente

Ayer martes se dio a conocer que el Trending Topic Emilio Lozoya será vinculado a proceso por lavado de dinero, pero no estará en la cárcel, solamente deberá entregar su pasaporte y visas, portar un brazalete y acudir a firmar cada quince días. Seguramente hay una justificación legal para ello, pero el mensaje que manda es desmoralizador para muchos de sus simpatizantes.

Desde luego los medios adversos al presidente no han dudado en resaltar el hecho de que Lozoya no pisará la cárcel, sin reparar mucho en los elementos legales que lo permitieron, ni que Baltazar Garzón, es su representante legal, un exjuez español célebre por haber logrado el arresto del dictador chileno Augusto Pinochet en Londres en 1998.

Seguramente Garzón, ahora defensor de un político corrupto, vende su pericia legal a un costo bastante alto. Así que eso sería uno de los factores que pueden explicar porque Lozoya, un junior más de los que integraron el primer círculo de Enrique Peña Nieto, gozará de tales privilegios.

Pero este último hecho sólo abona al desencanto, pues se esperaría que esos privilegios vayan quedando en el pasado. Claro, las estructuras de poder difícilmente se van a modificar de un sexenio para otro, pero el mal sabor de boca en la mayoría de los mexicanos, los que desconocemos de las argucias legales, se mantiene.

Quién pretenda que el poder ejecutivo pase no sólo por encima de la ley, sino también por encima de la Fiscalía General de la República (FGR), sólo puede ser un neófito o uno más de los detractores del gobierno actual. Pero sabiendo que esta situación podía pasar, ¿no estaba el gobierno obligado a hacer un esfuerzo más grande para no quedar desacreditado?

Los escándalos fluyen, como si presenciáramos un partido de fútbol, la porra de un bando celebra los avances de su equipo y abuchea los del adversario, sin embargo, los goles, o sea la concreción de las jugadas, brillan por su ausencia. Sí, Lozoya dijo haber sobornado a diputados de distintas bancadas, eso debe generar más sanciones que las primeras planas.

Ahora va el contragolpe, el otrora vitoreado director de Pemex es atacado por los mismos que le hacían entrevistas a modo o lo ponían como ejemplo de funcionario público. Sin pudor exigen sea depositado en un calabozo medieval, no por haber recapacitado o sean paladines de la justicia a toda costa, simplemente para poner a constante prueba a este gobierno.

Desafortunadamente este no es un juego y no existen crímenes sin víctimas; acciones como las de Lozoya y compañía han dañado el bienestar y patrimonio de millones de mexicanos, del presente y del futuro. Si su proceso servirá para castigar a otros responsables y dejar un precedente de las consecuencias de la corrupción, ya deberían de estarse percibiendo sus frutos.

Si sólo se hará un manejo propagandístico de la justicia esto será la ruina de este gobierno, como cuando en el gobierno de Fox se giró orden de aprehensión a Luis Echeverría un día antes de las elecciones de 2006; o cuando Felipe Calderón usando sólo las acusaciones de pillos, urdió todo el teatro del Michoacanazo; o el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo en el sexenio de Peña Nieto, sólo para poner a uno de sus colaboradores a cargo.

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