El espíritu “feminista” de Benito Juárez

A Maricruz Campos y mis amigas masonas,

por su heroica lucha en concretar la igualdad.

Hoy se conmemora la vida del destacado abogado, político, estadista, patriota y generoso defensor de la dignidad humana de las mujeres, Benito Juárez García (1806-1872). Según registra la página EcuRed, sus historiadores afirman que la vida de Benito Juárez es la historia misma de México en las décadas centrales del siglo XIX.  Figura cimera (central y destacada) del movimiento progresista de La Reforma, en 1858 Benito Juárez ocupó la presidencia de la nación. Desde esa condición enfrentó la invasión francesa (1862 a 1867) que proclamó como emperador a Maximiliano, apoderándose de gran parte del territorio, incluida la capital de México.

Juárez defendió siempre los principios de respeto e inviolabilidad de la soberanía de las naciones, por lo que es conocido como Benemérito de las Américas. Debemos recordar que en esos momentos la Iglesia poseía el 90% de la propiedad de la tierra, por ello nacionalizó la tierra, confiscó los bienes del clero, suprimió los fueros militares y eclesiásticos, promovió la separación de la Iglesia y el Estado, e impulsó leyes progresistas que auspiciaron la Constitución de 1857 (año en el que fue nombrado presidente de la Suprema Corte de Justicia).

Un levantamiento conservador provocó la guerra de Reforma durante la cual asumió la presidencia de la República, proclamando las leyes de Reforma un año después. Dichas leyes constituyen la base del Estado mexicano moderno.

Las experiencias difíciles de su infancia: su orfandad, sufrimientos y carencias, la diferencia de idioma y principalmente su origen étnico hicieron de Juárez un hombre de gran y noble fortaleza, decidido a luchar por la igualdad de derechos de todos los mexicanos, incluidas las mujeres:

“Formar a la mujer con todas las recomendaciones que exige su elevada misión, es formar el germen de regeneración y mejoramiento social. Por eso deberemos tener especial cuidado en saber educar a la mujer. Jamás deberemos descuidar este principio, pues de él depende, en gran parte, con el mejoramiento de nuestro Pueblo, su felicidad. La mujer es nuestra compañera, y como tal, y jamás como esclava, debe ser tratada. Elevándola, nos elevamos nosotros mismos”,[1]

afirmó.

Por esos ideales libertarios y profundamente igualitarios, las mujeres de las logias liberales pueden considerarse “hijas de Juárez”, quien comparte con las mujeres muchas cosas. Su origen humilde, indígena y huérfano le llevó a tener que trabajar desde muy joven, aprender español y ejercer su autonomía. Es conocido el hecho de que su primer trabajo fue cuidar ganado. Su hermana era sirvienta y él fue un autodidacta que, separado de los “niños decentes” por su pobreza, sufrió discriminación tanto por su clase como por su raza.

De la misma manera que Sor Juana, Juárez ingresó al seminario no por vocación religiosa sino para poder estudiar. Hablar zapoteco (que era su lengua madre) le permitió superar el requisito de tener un patrimonio para poder ordenarse, como lo establecían las leyes eclesiásticas que regían en América. Antes de renunciar debido a la discriminación y a los pésimos métodos de enseñanza que padecía, aprendió gramática latina, artes, filosofía y un poco de teología (que era la materia que más le aburría).

En 1827 los liberales logran fundar el Instituto de Ciencias y Artes, que educaba a jóvenes de forma independiente de la iglesia. En medio de la disputa entre liberales y conservadores, la consumación de la Independencia permitió que un año después Juárez ingresara en él para estudiar Derecho. Sin embargo la iglesia emprendió una campaña contra el instituto y excomulgó a los pocos alumnos que asistían. Las palabras de Juárez registran estos hechos y describen un retrato de la sociedad de su tiempo:

“Los padres de familia rehusaban mandar a sus hijos a aquel establecimiento y los pocos alumnos que concurríamos a las cátedras éramos mal vistos y excomulgados por la inmensa mayoría ignorante y fanática de aquella desgraciada sociedad”.[2]

Sin embargo su persistencia le permitió llegar a ser profesor suplente y posteriormente, una vez concluidos sus estudios, litigar.

Las injusticias que Juárez observaba le hicieron consciente de que los abusos de poder, producidos por la alianza estrecha entre el poder eclesiástico y el poder civil, solo podrían ser enfrentadas destruyendo esa alianza que sólo beneficiaba a las clases privilegiadas. Su apoyo a los indígenas pobres y su enfrentamiento a un cura que abusaba de ellos lo llevó a reclusión. Esa experiencia —que le hizo conocer directamente la arbitrariedad de la clase en el poder— reforzó su decisión de luchar contra los privilegios, fortaleció su sentido de justicia y vio la necesidad de trabajar por la mejora de las leyes mediante la actividad política.

Después de obtener su título de abogado mediante un examen de jurisprudencia práctica ante la Corte de Justicia del estado, Juárez se casa con la hija de su protector y posteriormente se convierte en secretario de despacho del gobernador Antonio León. Su respeto a las leyes le impidió hacer uso de algunos privilegios que tenían los personajes de la clase social a la que entonces pertenecía. Todas esas dificultades forjaron el carácter del ser humano ejemplar que hoy convoca a recordar su legado.

Adelantado a su tiempo, Juárez defendió la dignidad humana no sólo en el discurso, sino con todas y cada una de sus acciones. Así fue como implementó la escuela mixta, en momentos en los que a las mujeres sólo el convento les ofrecía una posibilidad de instrucción. Según Tania Meza Escorcia,[3] fue hasta 1823 cuando por primera vez el derecho mexicano menciona a las mujeres en el ámbito de la educación formal. En el histórico documento en el que el gobierno se compromete con la educación pública y gratuita se ordena la creación de escuelas para niñas y personas adultas. Desafortunadamente este reglamento no llegó a cumplirse pero sentó el precedente para futuras legislaciones.

Con el ascenso de Benito Juárez como presidente interino de México llega también el primer decreto de escuela mixta, mediante una ley promulgada en 1861 que además establece la escuela para personas sordas. En junio de ese año Juárez es declarado presidente constitucional y la educación mixta se mantiene. Desafortunadamente la invasión francesa limita ese proceso, pero con el acceso de Juárez al poder el panorama de estabilidad política permitió cierta consolidación del país que atrajo la inversión extranjera.

Con dinero fluyendo en la nación se da el crecimiento de los medios de transporte y comunicación. El teléfono, el telégrafo y el ferrocarril llegan a México, Lógicamente la educación se vio directamente impactada por el progreso. Los tiempos exigían una población mejor preparada y especializada. Se incrementa el número de planteles de primaria y secundaria, incluidos los de niñas, que hasta ese momento eran casi inexistentes. Además se crea la escuela preparatoria, la escuela para personas ciegas y la de artes y oficios.

Otra acción en beneficio de las mujeres por parte del presidente Juárez, es que la ley que decretaba la educación preparatoria no presenta ninguna restricción para que las mujeres accedieran a estos estudios. Para finales de 1867 se presenta la Ley Orgánica de Instrucción Pública, mejor conocida como la ley Barreda, que estaba cargada del positivismo y el liberalismo de la época. Dicha ley añade al precepto de gratuidad el de obligatoriedad, e impone sanciones a quienes no envíen a sus hijos y particularmente a sus hijas a la escuela.

Entre otros avances, la Ley Barreda retoma el compromiso de la educación mixta (dejado a la deriva tras las invasiones militares) y no sólo eso, impone currícula igual en la educación primaria para niños y niñas. Desafortunadamente esta ley suscitó amplia polémica entre los grupos liberales y conservadores y la presión fue tal que el presidente se vio obligado a reformarla mediante decreto. Uno de los puntos sacrificados durante la negociación con los conservadores fue el de la educación mixta. Si bien se mantenía la escuela para hombres y mujeres, se establecía un currículo para niños y otro diferenciado para niñas.

Para fortuna de México, el Benemérito de las Américas fue liberal no sólo en el discurso. Juárez tuvo siempre la firme convicción de que ninguna minoría debería tener menos oportunidades que la mayoría. Pero como sostiene Tania Meza, ayer los grupos conservadores mexicanos se escandalizaban porque las mujeres deberían ir obligatoriamente a la misma escuela que los hombres y recibir idéntica educación. Hoy, las buenas conciencias se alteran con la posibilidad de que las mujeres tengamos libre elección sobre nuestros cuerpos y las personas del mismo sexo tengan derecho a casarse y adoptar.

Por último debemos reconocer que las convicciones de Benito Juárez no se expresaban sólo en el ámbito público sino también en el dominio del ámbito privado, de acuerdo con su reconocida integridad. A Juárez no le avergonzaba el respeto, gran amor y devoción a su esposa ni el cariño a sus hijos, expresado en sus cartas. Como en aquella que dice: “Recibe el corazón de tu esposo que no te olvida”. Hoy algunos, especialmente los machistas, lo interpretarían como algo vergonzoso y tal vez lo tacharían de “mandilón”.

Andrés Henestrosa, poeta zapoteco, recupera en su libro Flor y látigo. Ideario político liberal de Benito Juárez, una anécdota que revela la complicidad y el compañerismo del Benemérito y su esposa. En una ocasión, Juárez no pudo anudarse una corbata de moño, por lo que pidió ayuda a su esposa, quien acudió en su auxilio.

“Y Margarita Maza acude solícita y le anuda la corbata en un santiamén, no sin decirle: ‘¡Qué inútil eres, señor Juárez!’ Y la voz de la mujer lo envuelve, lo pacifica, lo devuelve a su niñez montaraz cuando, pastor de ovejas, todavía no asomaba a su mente la idea de abandonar el pueblo y el lago de su pueblo. Su grandeza se humilla, claudica su voluntad ante la presencia de la esposa que lo salva de aquel cotidiano trance. Están el uno frente al otro, los ojos en los ojos. Juárez, con ser de baja estatura, aparece gigante ante los ojos de Margarita. Ella, con ser más alta, está al nivel de su pecho, que era donde ella quería estar: a la altura de su corazón”.[4]

Margarita Maza de Juárez murió en enero de 1871; su muerte dejó devastado al entonces Presidente de la República. Un año después, Juárez se reunió con su amada Margarita.  


[1] https://www.ecured.cu/Benito_Ju%C3%A1rez

[2] https://www.milenio.com/politica/benito-juarez-biografia-15-datos-conocias

[3] https://www.milenio.com/opinion/tania-meza-escorza/meza-de-redaccion/benito-juarez-y-el-acceso-de-las-mujeres-a-la-educacion

[4] https://www.unionguanajuato.mx/articulo/2018/03/21/cultura/la-mujer-que-inspiro-benito-juarez