Las lecciones que nos dejarán las elecciones
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Francisco Lemus | Twitter: @PacoJLemus

La sanción del Instituto Nacional Electoral (INE), no se puede considerar benéfica para la candidatura de Raúl Morón, sin embargo sí ha servido para mostrar la debilidad de sus opositores, que lejos de poder capitalizar el suspenso generado por la sanción, han visto crecer la popularidad del candidato puntero.

El domingo pasado marcó el inicio de la corta campaña electoral que desembocará en las elecciones del seis de junio, sin embargo para el candidato de Morena este día significó una jornada mezclada entre la movilización de protesta y la invitación a sus simpatizantes a no caer en el desánimo.

La oposición, aunque unida de manera inusitada, no logra repuntar, aún aprovechando el vacío en el que se encuentran los simpatizantes de Morón, de López Obrador y de la izquierda electoral en general. Un sector que difícilmente modificaría su elección para dar continuidad al gobierno de Silvano Aureoles, mucho menos votarían en contra del actual presidente.

La situación en general es negativa para el espíritu de los partidos políticos, si es que estos podrían estar todavía más desacreditados. Por una parte el olvido de toda ideología en aras del pragmatismo que busca hacerse de un espacio en la administración pública a como dé lugar, por el otro la clara falta de organización y la política del espontaneismo.

Aunque hoy por hoy, ya nadie encuentra siquiera una buena razón para que los partidos políticos sigan existiendo, que abunden ejemplos de sus malas mañas no quiere decir que el principio organizativo e ideológico que hay detrás de su existencia ya haya sido superado, la política es parte de la historicidad (por no decir naturaleza) de las sociedades humanas.

Precisamente en momentos como el actual es cuando -lejos de renegar de los partidos o de la política- se necesita más que nunca una definición político-ideológica y una acción organizada en torno a ella, para que la política esté al servicio de los intereses de la colectividad, y no de un grupo de élite que busca obtener beneficios personales.

Desafortunadamente, como ya pasó hace mucho tiempo con los temas económicos, ahora con los políticos se ha ido construyendo el mito insostenible de que en ella sólo pueden participar efectivamente aquellos que son “expertos” en la materia, o esas élites que de una u otra manera logran crear partidos políticos de la nada, mientras que al resto sólo nos queda votar.

Eso está lejos de ser el espíritu de la democracia y aunque partidos como Morena han devuelto un poco de esperanza a los electores de que pueden tener más incidencia en la política, conforme el partido se ha ido llenando de viejos lobos de mar, la desesperanza se va adueñando de los electores.

Aún así, hoy en Michoacán vemos como los opositores al proyecto de la denominada 4T no tienen posibilidad alguna. Hace seis años Morena difícilmente pintaba para tener posibilidades de gobernar, hoy, a pesar del conflicto con el INE, Morena es el favorito con un margen bastante amplio.

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Ojalá que contiendas como la actual dejen lecciones positivas en partidos y electores, y no sólo la de que se pueden hacer las cosas mal y aún así lograr el éxito, porque aunque aparentemente así sea, en la realidad los costos, sobre todo sociales, son muy altos.