Los mercados de Morelia vibran con compras navideñas este 24 de diciembre, ofreciendo productos frescos y un ambiente festivo.
El día avanza y los mercados de Morelia no bajan el ritmo; Desde temprano, el 24 de diciembre se siente distinto: los pasillos se estrechan entre bolsas cargadas, listas incompletas y decisiones rápidas.
La gente llega con la idea clara de cerrar pendientes para la cena navideña y sale con algo más de lo previsto.

En el Mercado Independencia, el movimiento es constante. Carnicerías con filas breves pero continuas, cuchillos que no se detienen y pedidos precisos para que alcance para hoy y para el recalentado.
El pollo se vende entre 55 y 65 pesos el kilo; el cerdo, en cortes como pierna o lomo, ronda de 95 a 120 pesos; y el pavo, colgado y a la vista, se ofrece entre 85 y 95 pesos por kilo. Hay quien compra lo justo y quien comparte el gasto con la familia.
Las verduras llenan de color los puestos. Jitomate entre 28 y 35 pesos, cebolla de 22 a 28, papa entre 20 y 25, zanahoria desde 12 pesos y lechuga romana alrededor de 18 pesos la pieza. Los chiles, base de muchas mesas, elevan el gasto:
Ancho, mulato y guajillo para salsas y adobos alcanzan precios altos, mientras el poblano fresco se mueve rápido para rellenos de última hora.
La temporada se reconoce también por el aroma del ponche. Tejocote, guayaba, caña, jamaica, tamarindo, canela y piloncillo se apilan en los puestos de fruta. Hay compradores que arman la receta completa y otros que solo corrigen lo que faltó en casa.
El tejocote se consigue entre 30 y 45 pesos el kilo; la guayaba, entre 22 y 30. El piloncillo y la canela se agotan conforme cae la tarde.

En abarrotes, las compras son de complemento: nuez, pasas, almendra, azúcar, vinagre, especias, aceite, pan y desechables. Queso y crema salen en bolsas apretadas, mientras refrescos y bebidas se suman a la cuenta final.
Afuera, el escenario se amplía. Hay leña para fogatas y braseros, piñatas, dulces y bolsas grandes para cargar todo de una sola vez.
El frío empuja a cerrar compras rápido, pero también invita a quedarse unos minutos más.
El ambiente es de prisa compartida. Se escuchan consejos para rendir la carne, alternativas cuando el precio aprieta y saludos entre comerciantes y clientes habituales.
En unas horas, los pasillos quedarán vacíos. Por ahora, los mercados sostienen el pulso de la Navidad moreliana.


