Estamos a finales de enero, sobrellevando la irremediable cuesta del primer mes del año entre los pagos “religiosamente puntuales” de predial, luz, agua, tenencia, seguro, colegiatura, tarjetas, entre otros, y no dejan de llegar las noticias de que fulanito o fulanita se acaba de sumar a la campaña del virtual candidato de MORENA a la Presidencia. En este contexto, resulta grotesco ver como un político, ocupe la posición que sea (Senadora de la República, Presidente Municipal, líder magisterial o militante notable de alguna otra fuerza política) pasa de un bando a otro, sin más decoro que un anuncio o una rueda de prensa, al estilo de un “draft” de jugadores de futbol soccer.

Es una pena que el pragmatismo político sea visto como algo sin mayor trascendencia que una columna más en un periódico o una nota de 20 segundos en algún noticiero televisado, pudiendo llegar a 2 minutos en una inserción dentro de algún programa de radio o sátira de burla que sirve para reír un poco y nada más. Pero esto “pragmatismo” debe ser entendido más como un “oportunismo” político a la luz de un nivel de una pulverización del electorado que no se había visto nunca antes en nuestro país. Esa idea vieja, que se le atribuye a Niccolo Maquiavelo, de “divide y vencerás”, la estamos viviendo de un nivel tal que la incertidumbre ante las elecciones de julio ha generado un amplio nerviosismo entre quienes estaban acostumbrados a vivir del sistema (status quo).

En efecto, dice un viejo dicho que cuando un barco se va a hundir, los primeros en salir huyendo son unos pequeños mamíferos roedores, mejor conocidos como ratas. Aunque se den golpes de pecho y hablen de autoritarismo, la esencia de estos políticos que apelan al “pragmatismo” para irse al PRI, entre sus iguales, o a purificar a MORENA, con el perdón de todas sus complicidades y deslealtades, es que tienen miedo a perder sus privilegios, a quedarse fuera de la “tajada” (repartición de candidaturas, posiciones, espacios y presupuestos); o, sencillamente, que le están “apostando”, como inversión de corto plazo, a una opción que según sus cálculos políticos es la que se llevará el triunfo absoluto en julio.

¿Qué es lo peor que les puede pasar? Que no gane su candidato y regresen a sus actividades privadas para tratar de ser sujetos activos y productivos o que se afilien a otro partido con mejores opciones o que creen su propio partido para que el Estado les financie sus viajes, sus oficinas, sus asistentes y demás gastos de operación, que hacen de nuestra democracia una de las más costosas del mundo. En este caso, los políticos “oportunistas” no tienen más que sopesar en un análisis costo-beneficio, la rentabilidad de su decisión para valorar otra nueva decisión según las nuevas condiciones políticas tras las elecciones. Así de fácil y sencillo.

Nosotros los electores debemos de recordar los nombres de todos estos políticos para hacer una lista de desleales a sus principios. Pero quién tiene más culpa: “el que mata la vaca o el que le agarra la pata”. Lo que también lleva a que seamos cuidadosos de quienes abren las puertas a cualquier persona con la mera intensión de acrecentar votos, como si se tratase de un mercado de futuros. En política nada está escrito. Pero me gustaría mucho que todos quienes piensan que ya tienen segura la elección con “ya sabes quién”, tuvieran un sueño visionario en el que los resultados de las elecciones no les favorecieran. Me gustaría preguntarles sí van a seguir la protesta y lucha democrática tomando nuevamente el paseo de la Reforma u organizando movilizaciones en todo el país; sí van a seguir con el Movimiento Progresista cuando le den la constancia de mayoría a otro candidato distinto al que entregaron su alma y esperanza o establecerán un “nuevo gobierno legítimo”; sí van a seguir con MORENA cuando vean que es la fuerza política que toma sus decisiones de tipo piramidal, a lo que diga el gran líder (el gran hermano), y no sean concordantes con sus aspiraciones y peticiones; sí van a seguir con una organización política con la que tienen más distanciamientos que concordancias o afinidades, las cuales se marcan más aún en la derrota…

Estos políticos pragmáticos que para mí tienden más al oportunismo político, se les olvida que un partido político no es un taxi al que te subes y te bajas, así de fácil o de sencillo. Un partido político tiene una función esencial en el sistema político de cualquier país porque es un espacio en donde se fortalecen los valores democráticos; se definen y defienden las plataformas y los principios políticos de tus afines en ideas y sueños; se convierten en espacios vitales para la participación democrática; y, se constituyen en los depositarios de una confianza colectiva que permite que sean gobierno u oposición y fungir con responsabilidades diferentes, según su rol, para el bien máximo de una sociedad, el bien común y la justicia social. Pero creo que deberían regresar a leer un poco a los clásicos o leerlos si es que nos los han leído, como ese libro de Maurice Duverger, Los Partidos Políticos. Este sería un buen inicio para que estos políticos tengan una mejor comprensión de lo que es un partido político, sí es que saben, quieren y/o pueden leer.

ernesto_unam@yahoo.com.mx