Opinión

Otro mecanismo que no sea la encuesta

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Por. Javier Lozano

Morena es el resultado de un pueblo organizado que impulsó la entrada triunfante de Andrés Manuel López Obrador a Palacio Nacional. Ese precedente ha sido el parteaguas de la propia expresión que nació desde las luchas democráticas del país; asimismo, de aquellos que apoyaron la resistencia pacífica mientras se organizaban asambleas constitutivas.

Así pues, Morena nació a través de un movimiento de participación activa de diferentes sectores y sociedad en general- que manifestamos el respaldo al ahora presidente- para asentar un nuevo periodo de transición política. Sin embargo, lo que hay que mencionar es que, el desarrollo de consolidación, sigue todavía un proceso que se tiene que cimentar demostrando apertura democrática.

Y en esa cuestión el propio presidente lo ha mencionado: “aquel que tenga autoridad moral, tiene autoridad política”. En pocas palabras, será el pueblo quien tome la decisión en la conducción de los proyectos de la 4T a futuro. Lo más preocupante de ello es que, las determinaciones, no han pasado- del todo- por la participación colectiva; curiosamente nos hemos encontrado con evidencias y testimonios que hablan de cuestiones arbitrarias que han arrebatado la pluralidad con graves irregularidades.

Como el caso de la encuestas que son, sin duda, un mecanismo que provoca desdén e incertidumbre, pero también grilla y pugnas internas pues las reglas de participación no son, ni tantito, un recurso democrático que sea el retrato del pulso de la población civil como nos vende la idea el dirigente nacional, Mario Delgado.

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Aunque el propio Mario Delgado lo niegue, aún hay tiempo para poder organizar una consulta y sea el pueblo quien decida el mecanismo de selección de candidatos a puestos de elección popular. Es evidente que, la gran mayoría de simpatizantes y militantes, desaprueba la forma todavía vigente para elegir a los representantes a pesar de un sinfín de historias de injusticia que solo sirvieron para demostrar que la encuesta no sirve.

Lo deben de reconocer. Es muy fácil salir a decir que son parte de los estatutos internos, pero no abren el abanico al pueblo que es bueno y sabio en este tipo de determinaciones, pues hay más formas democráticas que sirvan de termómetro para medir el sentir de la población civil. Se supone que hay apertura, en consecuencia de que han existido ejemplos de arbitrariedades en los que, detenidamente, han rebasado el límite autoritario de lo que parecen dedazos dado que los criterios que han ponderado no han dado resultados.

Y Morena debe someterse también a las consultas para determinar las formas. El pueblo tiene la última palabra, porque Morena es del pueblo. Movimiento regeneración no tiene dueño, atrás han quedado esas prácticas viciadas. El reto que enfrenta- en estos momentos el país- requiere de organización y cooperación.

Vivimos en una etapa clave de consolidación de un proyecto alternativo. Aunque algunos no estén de acuerdo, los militantes y simpatizantes tienen esa capacidad de optar por las mejores propuestas. Existen tiempos y condiciones.

Otra alternativa sería que el órgano institucional del INE sea un árbitro para intervenir en los procesos internos dado que no hay condiciones de equidad ni de piso parejo en el CEN de Morena.

Esto viene en respuesta a la sería de anomalías e injusticias en el CEN de Morena; habría que revisar muchos casos ya que hablamos de considerar la transparencia puesto que es determinante que los órganos colegiados acepten nuevas vías, por lo menos, en la toma de decisiones para elegir al candidato presidencial del lopezobradorismo rumbo al 2024 que celebrará un ejercicio de transición.

Frente a ese reto, Morena debe trazar una agenda donde la prioridad sea la misma sociedad que alimenta al partido. No tiene ningún sentido si los discursos siguen siendo los mismos en los que aseguran que, el pueblo bueno y sabio, es quien decide. Si el poder es canalizado de las bases del partido, entonces que se organice una consulta para determinar el futuro ya que hay un rechazo generalizado a la encuesta.

Eso sería democracia y no simulación.

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