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Papá

En las entrañas del Balsas reposa tu último aliento; sus turbulentas aguas asesinas aún saben a tu miedo.

Cada una de las rocas de esa serpiente helada quedó marcada con la sal de tus lágrimas. Ahí me morí contigo.

En esa soledad a la que a brazadas te entregaste tantas veces, caracoles y luciérnagas atesoran tu nombre y tu sonrisa, que de vez en cuando me acarician en las gotas de lluvia, hecha de ti, papi; ¡cuántas veces pescamos en ese mismo río!

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