El síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) reemplaza al SOP para reflejar su complejidad hormonal y metabólica.
El síndrome de ovario poliquístico, conocido anteriormente como SOP o PCOS en inglés, ha sido renombrado oficialmente como síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP o PMOS, en inglés).
Este cambio, respaldado por numerosas organizaciones médicas y de pacientes a nivel internacional, fue publicado en la revista médica The Lancet.
El nuevo nombre busca corregir la confusión generada por el término “ovario poliquístico”, que sugería erróneamente que la condición se relacionaba solo con quistes ováricos.
Según los expertos, estos “quistes” son en realidad folículos que no se desarrollan completamente, y muchas personas con el síndrome no presentan esta apariencia en sus ovarios.
El nombre anterior podía complicar el diagnóstico y subestimar otros síntomas importantes.
El SOMP refleja mejor que es una condición hormonal y metabólica compleja que afecta múltiples sistemas del cuerpo, no solo la función reproductiva.
Este cambio también pretende reducir el estigma asociado y mejorar la comprensión pública de la enfermedad.

El término “poliendocrino” indica la presencia de múltiples alteraciones hormonales simultáneas, mientras que “metabólico” se refiere a su impacto en procesos como el control del azúcar, el peso corporal y el riesgo cardiovascular.
“Ovárico” sigue reconociendo su efecto sobre la ovulación y la salud reproductiva.
El síndrome puede afectar la producción de andrógenos y la resistencia a la insulina, factores frecuentemente asociados a esta enfermedad.
Los síntomas del SOMP varían entre las personas, pero los más comunes incluyen:
- – Ciclos menstruales irregulares o ausencia de menstruación.
- – Dificultad para ovular o problemas de fertilidad.
- – Acné persistente.
- – Crecimiento excesivo de vello facial o corporal.
- – Caída de cabello o alopecia.
- – Aumento de peso.
- – Resistencia a la insulina.
- – Cansancio frecuente.
El SOMP también puede asociarse con ansiedad, depresión, alteraciones del sueño y un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión o hígado graso.

