Hector Tenorio

Estados Unidos a lo largo de su historia ha conducido su política exterior con la lógica del dinero dejando a un lado el aspecto ideológico. Durante 24 años votaron en la ONU para mantener el bloqueo económico comercial y financiero en contra de Cuba. No obstante, el pasado 26 de octubre, los norteamericanos cambiaron de postura se abstuvieron junto con Israel de seguir acosando a la isla caribeña. No fue por gusto, se vieron obligados a hacerlo ante la falta de crecimiento en su economía y el riesgo de perder su hegemonía en el continente, los rusos y los chinos compiten por influir en la región. Sin embargo, el gesto es más simbólico que real, ya que la votación histórica no es vinculante y no modifica las posiciones de ambas naciones en relación a cómo está desarrollándose el dialogo para el restablecimiento diplomático.

Para La Habana lo sucedido es una señal promisoria y esperan que se refleje en la realidad cotidiana. No olvidemos que la mayoría de las regulaciones ejecutivas y las leyes que establecen el bloqueo están vigentes y permanecen aplicadas con rigor, sigue siendo una violación masiva, flagrante y sistemática de todos los habitantes de Cuba y se clasifica como un acto de genocidio.

En este sentido al presidente norteamericano Barack Obama solo le quedó reconocer que el bloqueo naufragó, no cumplió con los objetivos previstos por sus creadores y provocó el aislamiento de los Estados Unidos. El mandatario estadounidense actuó de manera sensata al permitir que se abrieran embajadas en ambos países. Aunque EE.UU. reconoce al gobierno cubano, no puede ocultar su propósito de alterar el orden constitucional y promover cambios en el sistema político de la isla.

Mientras que en Venezuela, el imperialismo yanqui se manifiesta de manera feroz, se han dedicado a financiar a los opositores del gobierno incluso los alientan para que se de un derramamiento de sangre. Sectores de la oposición radicalizados planean acciones concretas que permitan derrocar al presidente Nicolás Maduro. Han programaron para el 3 de noviembre una marcha que terminaría en Miraflores donde demandarían la realización del referendo presidencial este año o a más tardar los primeros días de enero de 2017. Claro primero deben lograr recolectar las firmas del 20% de electores del padrón electoral nacional como está establecido en la ley. Las autoridades venezolanas han endurecido su postura, advierten a la derecha que están listos, no han perdido el tiempo y preparan una gran movilización con la intención de defender al mandatario. La tensión ha ido creciendo y las consecuencias son impredecibles.

En este contexto es difícil que prosperen las pláticas impulsadas por el Vaticano entre el gobierno y la Mesa de la Unidad (MUD) la cual se ha dividido, los partidos políticos minoritarios que la componen mostraron de manera palpable su descuerdo con la cúpula opositora. Entre los primeros logros obtenidos es que algunos presos políticos fueron liberados y el 11 de noviembre se reunirán de nueva cuenta. Washington avaló el encuentro y al mismo tiempo valoran el siguiente paso que darán, ellos saben que si quisieran sacar del poder a los chavistas tendría que ser antes de la segunda semana de diciembre, ya que los estadounidenses aumentan su consumo de petróleo cuando se recrudece el invierno.

Duele reconocer lo que es evidente, desde hace muchas décadas los Estados Unidos han estado sometiendo a los países de América Latina. Ellos no se conforman con dominarnos culturalmente, nos obligan a solventar de manera injusta sus necesidades. ¿Hasta cuándo seremos capaces de romper las cadenas? Cuba ya lo hizo, nos enseñó que el arma más poderosa del hombre no son los fusiles, sino la dignidad. Quizá un día nos hartemos de vivir mal y le demos un giro a la historia. Depende de nosotros que tan pronto suceda.


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