Hector Tenorio

El presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya Cortés retomó su precampaña presidencial como si nada hubiera pasado. No obstante, la prensa cuestionó en forma severa sus múltiples viajes a Estados Unidos, la vida lujosa que llevan él y su familia desde agosto del 2015. No le quedó otra opción y reconoció que ha estado pagando 3 500 dólares al mes por una casa en la ciudad de Atlanta. Se especula que al año deroga 4 millones 500 mil pesos. Intentó justificarse diciendo que esos gastos suntuosos los está solventando gracias a unas empresas familiares, insiste en que no cambiará su forma de actuar. Todos los partidos políticos se desgarraron las vestiduras, le pidieron que sus ingresos fueran transparentes. Los ataques se acrecentarán y las llamadas intervenidas iran haciéndose públicas. ¿Quedará al descubierto que la bancada blanquiazul en la Cámara de Diputados desvió dinero que acabó en su poder? ¿Se confirmará su oscura relación con el gobernador electo de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares? Lo que está en juego es su reputación. Más allá de las consecuencias del escándalo, la clase política no ha entendido o le importa un bledo que la mayoría de los mexicanos pasen momentos complejos y les resulte difícil encontrar una forma honrada de sobrevivir con salarios de hambre.

Vale la pena recordar algunos pasajes del joven líder panista, traicionó a su antecesor y promotor el diputado federal con licencia, Gustavo Madero Muñoz. Antes de las elecciones del 5 de junio del año pasado, las cuales significaron un descalabro para el PRI, Anaya Cortés se convirtió en un factor de cambio ante un electorado insatisfecho con un discurso fresco, aunque no decía nada original, levantó la bandera de la corrupción aprovechando que era la debilidad del Gobierno Federal. Resultó un buen negociador, al pactar con el presidente nacional del PRD, Agustín Basave Benítez, ambos lograron arrebatar al tricolor: Quintana Roo, Durango y Veracruz. Ahora, el cabecilla de los azules pretende repetir la receta en el Estado de México el próximo año. Un proyecto difícil de lograr, los perredistas se encuentran divididos e inconformes con el resultado de este tipo de alianzas

Sin duda, Anaya Cortés sabe desenvolverse bien en los conflictos: Retó al ex mandatario, Felipe Calderón Hinojosa y a su esposa Margarita Zavala Gómez del Campo que desea ser la abanderada de su instituto político en el 2018. Con el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas,mantiene una permanente disputa. Ha logrado unificar a sus adversarios quienes crearon el TUCAN (Todos Unidos Contra Anaya), lo acusan de usar su cargo para buscar la candidatura presidencial, consideran inaceptable tal situación. Incluso ha sido atacado por el presidente de Morena, Andrés Manuel López Obrador quien ha comentado en forma despectiva que se peina con un gel llamado “moco de gorila”, subiéndolo al ring. Ni que decir del partido oficial, intentan cobrarle las derrotas electorales del 2015.

El dirigente del PAN, entiende que en política los amigos no existen, menos las lealtades, lo único verdadero son los enemigos y entre más se acumulen resultará mayor la relevancia del político. Aunque son los entornos y momentos los que determinarán cuán larga será la trayectoria. Encumbrarse se vuelve un objetivo y a veces una obsesión. Pero no depende de sólo desearlo o trabajar en ello, (los asesores llegan hasta donde la necedad o limitante del político quiere). El poder es una borrachera, cuando uno despierta no sabe dónde y cómo lo perdió.

La carrera de Anaya Cortés alcanzó un punto de quiebre. Ya veremos si es capaz de resistir o termina derrumbándose dejando el paso libre a Zavala Gómez del Campo rumbo a Los Pinos.


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