Ve Morelia en celular de menores sin vigilancia, un acceso más al feminicidio
El caso Valeria reabrió el debate sobre la supervisión de menores en entornos digitales y la prevención temprana de la violencia contra las mujeres. Foto: Especial

El acceso sin vigilancia al celular en menores puede ser un factor en el aumento de la violencia de género, advirtió la secretaria de la Mujer Moreliana.

Morelia, Michoacán.- El acceso prácticamente sin vigilancia de menores y adolescentes al teléfono celular y redes sociales ha abierto nuevos espacios para la violencia en el noviazgo, el control digital y otras conductas que suelen anteceder agresiones más graves contra las mujeres, advirtió la secretaria de la Mujer Moreliana para la Igualdad Sustantiva, Nuria Gabriela Hernández Abarca, al reflexionar sobre el feminicidio de la joven Valeria.

En entrevista con Contramuro, la funcionaria sostuvo que la violencia feminicida no surge de manera espontánea, sino que suele estar precedida por una serie de conductas que se normalizan en las relaciones personales y que hoy encuentran en los entornos digitales un nuevo espacio de reproducción.

“Seguimos observando mucho tipo de violencia entre jóvenes. El tema del noviazgo sigue de manera permanente y también pasa en el ámbito digital”, señaló.

La declaración ocurre en medio de la conmoción social generada por el asesinato d Valeria, caso que volvió a colocar sobre la mesa la discusión sobre los mecanismos de prevención de la violencia contra mujeres adolescentes y jóvenes.

Agresiones progresivas

Especialistas en violencia de género han advertido durante años que el feminicidio suele representar la fase más extrema de una cadena de agresiones progresivas. Herramientas como el Violentómetro fueron diseñadas precisamente para mostrar cómo conductas aparentemente normalizadas, como el control, los celos, la intimidación, las amenazas o el aislamiento, pueden escalar hacia formas cada vez más graves de violencia.

Para Hernández Abarca, parte de esas dinámicas se trasladaron a las plataformas digitales, donde adolescentes mantienen relaciones afectivas bajo esquemas de vigilancia permanente, control de comunicaciones y exposición constante a contenidos violentos.

La funcionaria consideró que uno de los principales retos radica en que menores de edad tienen acceso prácticamente libre a dispositivos y aplicaciones para las que no necesariamente cuentan con la madurez suficiente.

“Los ponemos en una situación de riesgo clara. Es como dejar a un niño de seis años en una calle abierta; no sabes a los riesgos que se va a enfrentar”, afirmó.

Por ello, se pronunció por una regulación más estricta sobre el acceso de menores a plataformas digitales y por fortalecer los controles parentales, particularmente en edades tempranas.

La titular de la Secretaría de la Mujer aclaró que el debate no pasa necesariamente por prohibir la tecnología, sino por establecer límites y mecanismos de supervisión que reduzcan riesgos para niñas, niños y adolescentes.

Ámbito internacional

El tema también ha comenzado a discutirse en distintos países. Australia aprobó recientemente una legislación para impedir que menores de 16 años abran cuentas en redes sociales, mientras que Francia ha impulsado restricciones para menores de 15 años y mantiene limitaciones al uso de teléfonos móviles en centros escolares. Otras naciones europeas han comenzado a aplicar medidas similares ante las preocupaciones relacionadas con salud mental, violencia y seguridad digital.

En el caso de México, diversos estados han impulsado regulaciones para limitar el uso de celulares dentro de escuelas. En Michoacán existe ya una legislación orientada a regular, aunque no prohibir, el uso de dispositivos móviles en planteles de educación básica.

Sin embargo, Hernández Abarca consideró que la discusión debe ir más allá del aula y enfocarse en la prevención de las violencias que se gestan en entornos digitales y que frecuentemente pasan desapercibidas para padres, docentes y autoridades.

La funcionaria también reconoció que persisten vacíos para detectar oportunamente situaciones de violencia entre adolescentes dentro de las escuelas.

“No hay comités de vigilancia de estas situaciones, no hay un canal claro de denuncia donde las adolescentes puedan decir: estoy pasando esto”, señaló.

A juicio de la secretaria, mientras la atención pública suele concentrarse en los casos consumados, sigue pendiente la construcción de mecanismos capaces de identificar las señales tempranas de violencia que, con frecuencia, anteceden las agresiones más graves contra las mujeres.