alfonso solorzano
Foto: Cortesía

El día 20 de octubre de este año se cumplieron ya cinco años de la muerte del coronel libio Muamar el Gadafi, quien gobernó libia entre 1969 y 2011. A Gadafi nunca se le consideró un demócrata mucho menos un defensor de los Derechos Humanos, sin embargo siempre fue reconocido como uno de los líderes árabes más férreos en el norte de África y cuyo su discurso político llamaba a combatir el imperialismo occidental.

Gadafi llegó muy joven al poder en Libia, precisamente era  coronel del ejército libio cuando orquestó un golpe de estado contra el rey Idris I, proclamando desde ese momento a su nación como un estado socialista tomando como guía ideológica el llamado libro verde, el cual consistía en la visión de Gadafi sobre el socialismo, el estado y la sociedad libia en general.

Si bien Gadafi era simpatizante de grupos ligados a la extrema izquierda, él jamás acepto instalar el socialismo soviético en Libia, pues consideraba que las ideas del marxismo debían adecuarse completamente a la forma de la cultura árabe, incluso llegó a distanciarse en ciertos momentos de la URSS por mal entendidos políticos.

Durante el régimen de Gadafi Libia se modernizó, buena parte de los ingresos del erario público se usaron para generar programas sociales que ayudaron a gran parte de la población libia a salir adelante tales como el acceso a vivienda y el incremento a la inversión de escuelas públicas para que la mayoría de los libios tuvieron acceso al conocimiento básico.

Gadafi también tuvo interés en apoyar las artes y los deportes, considerando que los ciudadanos libios no solo debían ser meros observadores sino que también debían participar en estas disciplinas, pues Gadafi consideraba que de esta forma se podía fortalecer la unidad nacional.

Respecto a las cuestiones económicas, a diferencia de los regímenes socialistas pro soviéticos, el sistema de socialismo árabe de Gadafi nunca realizó estatizaciones masivas y absolutas de los distintos tipos de empresa, únicamente se centró en sectores estratégicos permitiendo al mercado seguir existiendo pero mantenido firmes las reivindicaciones sociales y laborales de los trabajadores tanto rurales como urbanos. E incluso permitió a comerciantes extranjeros seguir operando en Libia siempre y cuando pagaran las prestaciones y aranceles justos.

Hasta antes de la llegada de la “primavera árabe” Libia ostentaba el título de la nación africana con mayor Índice de Desarrollo Humano (IDH), por todos los avances en desarrollo social que se habían consolidado.

En el aspecto político Gadafi nunca acepto la idea de tener oposición o transitar a un régimen menos autocrático, por lo que los disidentes estaban sumamente vigilados, exiliados o incluso estaban en prisión.

Debido a su postura anticolonialista y antiimperialista Gadafi nunca había sido visto con buenos ojos por parte de los EUA, incluso durante el mandato de Ronald Reagan aviones estadounidenses atacaron bases militares libias, aun así el régimen libio logró contratacar y hacer que los aviones enemigos se replegaran.

Fue hasta la “primavera árabe” en marzo de 2011 cuando miles de libios inspirados por los levantamientos de Túnez y Egipto empezaron a demandar más libertad y tomaron calles y plazas como forma de protestar, Gadafi ni siquiera se inmutó y decidió reprimir a los manifestantes, aprovechándose de eso los gobiernos de EUA y Francia comenzaron a financiar a grupos disidentes generándose una enorme tensión social que finalmente se convertiría en una guerra civil.

Para ese momento Gadafi no contaba con el respaldo de ninguna potencia mundial que apoyara su gobierno, por lo que la mayoría de la comunidad internacional le dio la espalda a su régimen y decidieron mejor reconocer a los rebeldes libios como las nuevas autoridades de aquel país.

Gadafi fue capturado y ejecutado en el último bastión que le quedaba en libia, su ciudad natal, Sirte, su cadáver fue exhibido durante tres días al público para que no quedara duda de su muerte. Posteriormente se hizo el anuncio de que libia transitaría hacia una democracia parlamentaria que permitiría la libertad y demás derechos.

Sin embargo esto solo se ha quedado en meras palabras, la realidad fue que este intento de democracia parlamentaria solo duraría año y medio, posteriormente muchos grupos de milicianos que combatieron a  Gadafi se volvieron a sublevar, cada uno por su cuenta, para obtener el ejercicio de poder, lo cual degeneró en una guerra civil mucho más larga y sangrienta de lo que fue la primera con la que derrumbaron a Gadafi y que se mantiene hasta estos días.

Libia ahora se ha vuelto un estado sin gobierno estable y con múltiples combatientes a lo largo de su territorio, incluso el llamado Estado Islámico, o ISIS, ya tiene zonas de influencia en Libia, y el actual conflicto que enfrenta el pueblo libio no parece estar cerca de terminar, tal parece que el país africano que alguna vez estuvo a la vanguardia respecto al índice de desarrollo humano y respecto a ciertos niveles de seguridad social no existe más.

Gadafi sin lugar a dudas era un autócrata, un dictador, suprimió a la oposición por mucho tiempo y también dejo de lado muchas libertades que los libios deseaban, pero también fue el que logró generar un auténtico desarrollo social en libia, obligar a las empresas extranjeras a pagar lo justo por operar en suelo nacional y también fue alguien comprometido con la causa de la unidad árabe y el fin del colonialismo.


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