La muerte de Tadeo revela la urgencia de abordar los cruces ferroviarios inseguros en Morelia, un problema histórico que necesita solución.
Morelia, Michoacán.- La muerte de Tadeo, el menor que perdió la vida el pasado 14 de julio al intentar cruzar las vías del tren en la colonia Jacarandas junto con su madre, detonó una denuncia ciudadana que acusa años de omisión gubernamental para garantizar cruces seguros en una de las zonas donde el ferrocarril divide colonias enteras de la capital michoacana.
Lejos de considerar el hecho como un accidente aislado, habitantes que viven desde hace décadas en las inmediaciones de las vías sostienen que la tragedia era previsible debido a la falta de infraestructura peatonal y a la ausencia de alternativas para quienes diariamente necesitan atravesar el paso ferroviario.
En un pronunciamiento tras el fallecimiento del menor, una vecina que asegura haber habitado durante 25 años en esa zona afirmó que la problemática forma parte de la vida cotidiana de cientos de familias.
“Esta pérdida no es un evento aislado; es la manifestación física de una estructura urbana que ha dejado de mirar por quienes la habitan”, expone.
La denuncia señala que cuando un tren permanece detenido sobre los cruces, los peatones quedan prácticamente incomunicados entre un lado y otro de la colonia.
Explica que, en esas condiciones, muchas personas optan por caminar largos trayectos para rodear el convoy, mientras otras, ante la necesidad de llegar a su destino, deciden cruzar entre los vagones, una práctica que durante años se ha vuelto frecuente en distintos puntos de Morelia.
Según su testimonio, la distancia para encontrar un cruce libre puede alcanzar aproximadamente dos kilómetros.
Aunque esa distancia podría parecer menor para un automovilista, los vecinos advierten que representa una carga completamente distinta para quienes realizan el recorrido a pie.
“Dos kilómetros significan cosas distintas para quien va cargando a infancias, bolsas de mandado, terminando una jornada laboral de ocho o más horas, o para una persona con discapacidad”, señala.
Añade que recorrer esa distancia implica alrededor de media hora caminando, tiempo que aumenta cuando se trata de adultos mayores, personas con movilidad reducida o madres y padres que llevan consigo a niñas y niños pequeños.
Considera que los habitantes, en esas condiciones terminan empujando a muchas personas a asumir riesgos que, de existir infraestructura adecuada, podrían evitarse.
También se sostiene que la ciudad ha privilegiado históricamente la operación ferroviaria sobre la seguridad de los peatones.
“La muerte de Tadeo es el resultado de un entorno diseñado bajo una lógica donde el flujo de la maquinaria pesada tiene prioridad sobre la fragilidad del cuerpo humano”, expresa.
Afirman que la falta de puentes peatonales, pasos a nivel controlados y señalización suficiente refleja una ausencia de planeación urbana para proteger a quienes diariamente cruzan las vías.
Bajo esa perspectiva, sostiene que el problema trasciende la conducta individual de quienes intentan atravesar el tren.
Por el contrario, considera que la infraestructura debería estar diseñada para reducir al mínimo las consecuencias de los errores humanos y ofrecer alternativas seguras antes de que las personas decidan exponerse al peligro.
“La muerte de Tadeo no fue culpa de su madre, fue el Estado que no brindó la infraestructura necesaria para que el cruce fuera seguro”, insiste.
La denuncia de la ciudadana recuerda que la Ley de Movilidad y Seguridad Vial del Estado de Michoacán establece el principio de un “Sistema Seguro”, el cual obliga a que la infraestructura vial sea capaz de disminuir los riesgos para peatones, ciclistas y demás usuarios de la vía pública.
Desde esa óptica, considera que la inexistencia de cruces peatonales adecuados en zonas ferroviarias contradice el espíritu de esa legislación y deja en condiciones de vulnerabilidad a quienes diariamente necesitan desplazarse entre ambos lados de las vías.
También cita el informe “La ciudad a tus pies”, elaborado por ONU-Habitat, el cual plantea que caminar constituye la forma de movilidad más democrática y que las ciudades deben garantizar condiciones para que las personas puedan hacerlo de manera segura.
A juicio de ella, la situación que se vive en la colonia Jacarandas demuestra que ese principio aún está lejos de cumplirse en Morelia.
Sostiene que la tragedia debe convertirse en un punto de inflexión para replantear la infraestructura ferroviaria de la ciudad y dejar de normalizar escenas en las que personas cruzan entre vagones ante la falta de opciones.
“No podemos permitir que el dolor de esta familia se convierta en una estadística más en la nota roja de Morelia”, expresa.
En ese sentido, demanda la construcción de puentes peatonales, cruces seguros, rampas para personas con discapacidad, señalización adecuada y una planeación ferroviaria que considere las necesidades de quienes viven en las colonias atravesadas por las vías.
Señala que el problema no afecta únicamente a la colonia Jacarandas, sino a distintos sectores de la capital michoacana donde el paso del tren interrumpe durante varios minutos la movilidad cotidiana de trabajadores, estudiantes, comerciantes y familias enteras.
Finalmente, hizo un llamado a las autoridades municipales, estatales y federales para atender una problemática que, aseguran, lleva años sin resolverse y que volvió a quedar evidenciada con la muerte de Tadeo.
“Debemos desmontar todo lo que permite que la ciudad sea una amenaza, para reconstruirla como un espacio que sea capaz de sostener y proteger cada vida, especialmente la de aquellos que deberían tener el derecho inalienable de recorrer sus calles sin miedo”, concluye.


