¿Y si sí? Educación en Michoacán: mucho más que circo sin pan
Erik Avilés, doctor en Ciencias del Desarrollo Regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C. | Foto: cortesía

Explora los desafíos y oportunidades de la educación en Michoacán. ¿Cómo podemos mejorar el futuro educativo de la región?

Panem et circenses -pan y circo- era una receta de gobierno en la antigua Roma, que hoy constituye un cliché que se aplica hasta la náusea, mientras el aparato gubernamental sigue costándonos miles y miles de millones de pesos. Y un mundial de fútbol parece ser la distracción perfecta para olvidar que la realidad sigue aquí con nosotros. Nos impelen a preguntarnos “¿y si sí?”, para que soñemos con que México sea campeón del mundo. ¿Y si la usáramos para cuestionar lo que sucede a nuestro alrededor? Digamos, de las siguientes formas:

1. ¿Y si sí, mientras el país entero enciende las pantallas para el Mundial y las plazas se llenan de banderas y pantallas gigantes, alguien preguntara también por el pan que Michoacán no tiene, por las aulas sin techo o por las infancias que nadie aplaude ni transmite en vivo?

2. ¿Y si sí el marcador de un partido importara lo mismo que el número de escuelas sin maestro, sin agua potable o sin techo firme, en el Oriente de Michoacán, en su Sierra-Costa y en la Tierra Caliente michoacana, donde el mapa del rezago coincide, punto por punto, con la geografía del abandono?

3. ¿Y si sí los michoacanos aprendieran bien a leer, a sumar, a pensar con libertad, antes de aprender que en su municipio el ciclo escolar puede perderse por un paro magisterial, un bloqueo carretero o una balacera que nadie explica al día siguiente?

4. ¿Y si sí salieran del rezago educativo que ya cargan generaciones completas de familias michoacanas y dejara de ser una cifra que se repite, casi con orgullo administrativo, en cada informe oficial sin que nadie se sonroje ni se comprometa a corregirla?

5. ¿Y si sí todas las escuelas fueran de tiempo completo, que para miles de niñas y niños no eran solamente más horas frente al pizarrón, sino el único plato caliente, la única fruta, la única certeza de no pasar hambre en todo el día?

6. ¿Y si sí las plazas docentes se ganaran por mérito y por vocación, para que dejaran de heredarse, de venderse o de negociarse como un bien mostrenco que nadie audita, nadie explica y nadie se atreve a cuestionar en voz alta?

7. ¿Y si sí devengaran sus salarios en la estructura del sistema educativo estatal quienes los cobran cada quincena con puntualidad, sin tener competencias para ser funcionarios educativos; así como las nóminas magisteriales dejaran de tener nombres de personas que ningún alumno, en ningún salón de clases ha visto jamás frente a un pizarrón?

8. ¿Y si sí hubiera Internet real, corriente eléctrica estable, drenaje y agua potable en cada aula, no solamente el discurso que promete la conectividad como derecho constitucional mientras la señal jamás llega al último municipio de la sierra?

9. ¿Y si sí se escuchara a quien enseña, no para exhibirlo ni para castigarlo públicamente, sino para acompañarlo o para brindarle formación continua de excelencia, exactamente lo mismo que pedimos tenga todos los días, un niño de seis años en clases?

10. ¿Y si sí tuviéramos un ciclo escolar completo, de agosto a julio, sin que un solo día de clases se perdiera por miedo, por bala, por luto colectivo o por la ausencia repentina de quien debía estar frente a grupo?

11. ¿Y si sí aparecieran las niñas y los niños que un día salieron de casa, con la mochila al hombro, y nunca llegaron a la escuela, para que sus nombres dejaran de ser cifras de expedientes que alguien cerró sin resolver?

12. ¿Y si sí vivir una infancia en Michoacán significara jugar en la calle hasta que oscurece, con el balón y con los amigos, nunca cuidar a los hermanos menores porque el padre o la madre migraron para poder mandarles, cada mes, algo de dinero con que comer?

13. ¿Y si sí ningún niño cambiara el pupitre por el surco, la mochila por el azadón o la escuela primaria por un jornal en el campo que nadie, bajo ninguna circunstancia, debería pedirle a un menor de edad?

14. ¿Y si sí las plazas públicas y los kioscos de los pueblos volvieran a ser territorio del trompo, la cascarita y la bicicleta, para que dejaran de ser territorio de reclutamiento a cambio de una motocicleta nueva y un futuro robado antes de tiempo?

15. ¿Y si sí comieran, con certeza, tres veces al día todas las infancias de Michoacán y no solamente las que aún tienen la suerte de vivir cerca de una escuela con desayunador funcionando y despensa surtida?

16. ¿Y si sí un niño pudiera crecer sin saber, antes de cumplir diez años, el nombre de quien de verdad manda en su colonia, en su comunidad o en la carretera que separa su casa de la escuela?

17. ¿Y si sí las juventudes michoacanas encontraran un lugar digno en el bachillerato o la universidad pública sin tener que migrar primero a otro estado, sin tener que elegir, todos los semestres, entre seguir estudiando o sobrevivir?

18. ¿Y si sí se quedaran los jóvenes que hoy empacan lo poco que tienen y se van, no porque no amen su tierra, sino porque aquí no encuentran empleo digno, ni futuro cierto, ni garantía de volver completos a casa cada noche?

19. ¿Y si sí un joven michoacano pudiera decidir, con calma y con información, entre un empleo digno y el crimen organizado, y esa decisión fuera de verdad una opción libre y no la única puerta que alguien dejó abierta en su cuadra?

20. ¿Y si sí las juventudes eligieran su propio camino o vocación, sin coerción de quien hoy les ofrece, con una sonrisa y una moto último modelo, lo que el Estado nunca les supo ofrecer a tiempo?

21. ¿Y si sí las universidades autónomas de Michoacán siguieran siendo autónomas en los hechos y no solamente en el nombre, para que dejaran de ser territorio disputado por quien confunde la educación superior con botín político de temporada electoral?

22. ¿Y si sí un joven que sueña con debutar algún día en un Mundial también pudiera soñar, sin que le temblara la voz ni el bolsillo, con terminar la preparatoria completa en su propio municipio de origen?

23. ¿Y si sí fuera gasolina pura, sin adulterar, la que mueve a Michoacán, y no el huachicol que financia armas, silencios cómplices y complicidades institucionales que nadie, hasta hoy, se atreve a nombrar en voz alta y con nombre propio?

24. ¿Y si sí fuéramos honestos con las cifras de homicidios antes de serlo con las cifras de goles, que contáramos a nuestros muertos con el mismo cuidado, el mismo rigor y la misma pasión con que contamos los golecitos que mete la selección nacional?

25. ¿Y si sí un padre o una madre pudiera mandar a su hija a la secundaria sin calcular antes, cada mañana, cuántas cuadras de riesgo separan la puerta de su casa de la puerta de la escuela?

26. ¿Y si sí las balaceras dejaran de ser motivo para suspender clases, no porque dejáramos de contarlas o de documentarlas, sino porque de una vez, y para siempre, dejaran de ocurrir en las calles donde caminan niñas y niños?

27. ¿Y si sí fueran honestos quienes hoy hablan de paz en cada discurso oficial, mientras administran el miedo, la escasez y la incertidumbre como una forma casi rutinaria de gobierno, y llamaran a cada cosa exactamente por su nombre?

28. ¿Y si sí gobernaran para las infancias y las juventudes, para quien todavía no vota porque no tiene edad, y no solamente para la próxima elección, la próxima encuesta o la próxima fotografía institucional?

29. ¿Y si sí fueran competentes quienes administran la educación, la salud y la seguridad de Michoacán, y la competencia técnica dejara de confundirse, de una vez, con la cercanía política, haber sido compañeros de clases de mandatarios o la incondicionalidad personal?

30. ¿Y si sí el deporte fuera derecho pleno de todas las infancias y juventudes michoacanas, con canchas dignas y entrenadores certificados, no solamente espectáculo de temporada mundialista que se apaga en cuanto se apaga el marcador?

31. ¿Y si sí hubiera estadios llenos y también aulas llenas, hospitales llenos de medicinas y no de listas de espera interminables; así como fiscalías llenas de justicia expedita y no de expedientes olvidados en un cajón?

32. ¿Y si sí fuéramos, de una vez y con hechos, campeones en competitividad, en desarrollo integral, en educación de excelencia y no solamente aspirantes eternos a ser sede o parte del paisaje de la fiesta de alguien más?

33. ¿Y si sí se lograra sacar del rezago educativo a 159 mil michoacanos mayores de 15 años en dos años sin que se inflen cifras, emigren, fallezcan o los maten; así como alfabetizar a 202 mil coterráneos con un programa de cuatro años de duración sin simulación alguna ni pagar salarios no devengados a extranjeros ?

¿Y si sí, después de treinta y tres preguntas que debieron sobrar hace mucho tiempo, dejáramos empezáramos, hoy mismo, a exigir respuestas, de cara al 2027?

Hace falta una tarea concreta y urgente: fabricar el pan mientras dura el circo. Y sostener la labor cuando el circo se apague y las cámaras se vayan a otra sede, a otro país y a otra historia. Quien no tiene elementos para fabricar o ganar el pan que habrá de llevarse a la boca, está condenado vitaliciamente a la indigencia o a arrebatarlo con violencia.

Michoacán ha visto pasar mundiales, elecciones y toneladas de boletines de prensa. Ha visto inaugurar teleféricos, prometer conectividad digital como derecho constitucional y disfrazar cifras de homicidios en cada rueda de prensa gobiernista.

Lo que no ha visto, con esa misma frecuencia, es un presupuesto educativo que crezca al ritmo de sus infancias, ni una autoridad que responda a una escuela caída con la misma velocidad con que organiza un festejo en sus vídeos de redes sociales.

Ser servidor público implica trabajar cuando los ciudadanos se distraen. Por ello, deben, antes de que termine el mundial, transparentar, plaza por plaza y nombre por nombre, la nómina magisterial. Que ningún niño, en ningún municipio, pierda un solo día de clases por miedo, se deben de publicar escuela por escuela y municipio por municipio, los indicadores de rezago educativo, abandono escolar y violencia en el entorno escolar, y que se rinda cuentas, con cifras verificables, de cada punto porcentual que no se mueve año tras año.

Así también, como se celebra el espectáculo, debemos exigir, en cada plaza pública, en cada red social y en cada urna, que se rindan cuentas del presupuesto destinado a la infancia y a la educación pública; que el logotipo en una camiseta no sustituya la responsabilidad de invertir en la infancia que ve el partido sin haber comido antes; mientras que, quienes ejercen su derecho legítimo a manifestarse y a exigir condiciones dignas dejen de convertir cada paro en un día menos de aprendizaje para quien menos culpa tiene de este conflicto; que la exigencia salarial y el derecho a aprender puedan, por fin, caminar juntos y no como enemigos.

Cada michoacano que hoy celebra un gol con la voz en el pecho debe usar esa misma voz y ese entusiasmo colectivo para exigir una escuela digna en su comunidad, un salario justo y puntual para quien enseña y una infancia libre de miedo en cada rincón del estado.
El circo puede seguir, y probablemente seguirá, porque el mundo entero tiene la mirada puesta en los estadios. Pero que no siga solo, ni gratis, ni a costa de quienes menos tienen. Que por primera vez, en Michoacán, el circo venga acompañado del pan presente y futuro que le corresponde a cada niña, a cada niño y a cada joven de esta tierra, aquí y ahora, no en la próxima administración ni en el próximo informe.

Y si sí, que sea ahora, que sea con hechos y que sea con nosotros. ¡Merecemos un gobierno educador!

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Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.