alfonso solorzano
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Durante mucho tiempo -especialmente a partir de la tercera década del siglo XX-, México trató de posicionarse en la política internacional como un país que era respetuoso de las distintas naciones y la autonomía de sus respectivos pueblos.

La nación mexicana acogió la llegada de los refugiados españoles procedentes de la guerra civil y la posterior dictadura franquista, recibió también al revolucionario soviético León Trotsky cuando fue perseguido por la policía secreta de Stalin, posteriormente en la década de los setenta y ochenta recibió distintos grupos de exiliados centro y suramericanos que huían de las dictaduras militares de sus respectivos países.

Pero también el estado mexicano durante mucho tiempo buscó mantenerse en la neutralidad política frente a los distintos conflictos político-militares del mundo. En la segunda guerra mundial trató de permanecer neutral hasta que finalmente la presión estadounidense lo hizo enviar un escuadrón para combatir en el lado del pacifico en 1945; mientras que en la guerra fría México trató de mantener una postura aproximada a la de las naciones no alineadas y fungir como mediador en distintos tipos de conflictos, especialmente los que se suscitaron en América Central.

México incluso trataba de cierta forma de colocarse como una nación que apoyaba políticamente al desarrollo de las naciones latinoamericanas. No obstante, todo ello comenzó a cambiar a finales de los ochenta con el surgimiento del llamado neoliberalismo, a partir de entonces México se estuvo posicionando más hacia el acercamiento tanto económico como político con Estados Unidos, dejando de lado la idea de preservar su influencia en Latinoamérica.

Durante prácticamente toda la década de los años noventa, los primeros diez años del 2000 y lo que va de la segunda década de este siglo, México se ha dedicado a prácticamente ignorar los aspectos sociopolíticos que se han venido gestando en el resto de América Latina, especialmente en América del Sur.

Esto último es muy preocupante, pues la región de América del Sur ha transitado por muchas experiencias, algunas de ellas muy dolorosas, pero de las que tanto el estado mexicano como su sociedad deberían aprender.

Para muchas naciones como lo fueron en su momento Bolivia, Argentina, Ecuador, Venezuela y Brasil, quedo demostrado   que a pesar de tener un sistema presidencialista con un poder ejecutivo fuerte, este último puede caer del ejercicio del poder cuando lleva al sistema político-económico a un punto de quiebre. Así mismo en lo que respecta a Bolivia en particular, México podría aprender que el sector indígena es muy importante y no debe ser subestimado, en especial porque puede terminar ejerciendo una fuerza política que sea determinante en el desarrollo de las políticas públicas.

Del caso particular argentino, la sociedad mexicana puede ver como un ejemplo la combatividad de la sociedad argentina para exigir mejores resultados a sus políticos mediante la coordinación de los distintos sectores sociales a través de una gran movilización, tal como ocurre con las sociedades de alumnos y los agrupamientos obreros.

En el aspecto ambiental, Ecuador también puede dar la lección a México de prevenirse frente a la explotación que pudieran hacer grandes empresas trasnacionales en las áreas naturales protegidas para evitar daño ambiental.

También México puede aprender no solo de aciertos sino de circunstancias negativas que han golpeado duramente a otros pueblos de América del Sur, como lo es el caso de Chile en lo que respecta al tema de pensiones y acceso a educación; ahora muchos jóvenes chilenos están teniendo que lidiar con enormes deudas educativas, pues prácticamente toda la educación chilena es privada, mismas que terminarán repercutiéndoles cuando tengan que establecer un patrimonio para tratar de asegurar una jubilación decente.

Finalmente, en los aspectos de seguridad México podría tanto aprender de los aciertos y errores que se han dado en Colombia  así como en Brasil, sobre todo en la parte referente al narcotráfico y la inclusión de sectores vulnerables en las políticas de desarrollo social.

Es por tanto que México debe volver los ojos hacia el sur, porque son los pueblos de esa región del continente de los que podemos aprender mucho para aplicarlo en la compleja situación que está atravesando tanto la sociedad como el estado mexicano, especialmente porque esos pueblos del sur tienen más semejanzas que diferencias con el pueblo mexicano.