Pancho Zepeda transformó su vida con una cámara, encontrando su pasión en la televisión y dejando un legado en la comunicación.
Morelia, Michoacán.- La historia de Francisco Javier Zepeda no comenzó detrás de una cámara, sino frente a una decisión que cambió completamente el rumbo de su vida, pues antes de convertirse en productor, periodista y uno de los hombres que marcaron una época dentro de la televisión michoacana, fue un joven que todavía buscaba encontrar su lugar en el mundo.
La noticia de que sería padre llegó cuando apenas tenía 17 años y, lejos de convertirse en un peso, se transformó en el impulso que necesitaba para abandonar una vida sin rumbo definido y comenzar a construir un camino profesional que con el paso del tiempo lo llevaría a convivir con figuras de la política, el espectáculo, la cultura y el deporte.
Su hija Yhusy recuerda que la llegada de la paternidad fue el momento en que Pancho encontró una razón para esforzarse y buscar una oportunidad dentro de los medios de comunicación, una profesión que terminaría convirtiéndose en la gran pasión de su vida.
“Yo considero que la carrera lo rescató porque realmente él, yo creo que hasta sus 17 años no sabía ni qué quería hacer de su vida”, relata Yhusy al reconstruir los primeros años de su padre.
De joven sin rumbo a las primeras luces de la televisión
Antes de que su nombre estuviera relacionado con grandes producciones y coberturas especiales, Pancho Zepeda vivía una etapa marcada por la juventud, el deporte y la libertad de aquellos años donde todavía no imaginaba la dimensión del camino que recorrería.
Yhusy recuerda que su padre hablaba de aquella época con una mezcla de humor y sinceridad, consciente de que su vida dio un giro cuando supo que tendría una hija y que debía comenzar a buscar una estabilidad para su familia.
“Decía que era un vago profesional, no tenía oficio ni beneficio más que andar de conquistador con las muchachas y haciendo deporte, le gustaba mucho el básquetbol”, cuenta.
La llegada de su hija no representó para él una obligación que lo limitara, sino una oportunidad para demostrar que podía construir algo distinto y ese momento lo llevó a acercarse a su padre, el periodista Pancho Zepeda, quien fue una pieza fundamental para que pudiera entrar al mundo de los medios.
Fue así como comenzó en el Sistema Michoacano de Radio y Televisión, donde aprendió desde los niveles más básicos de una profesión que después dominaría con una mezcla de disciplina, talento y una exigencia personal que lo acompañó durante toda su trayectoria.

“Para él no fue como una impresión de preocupación y tensión o de este exceso de responsabilidad que se le venía, sino más bien fue como un motor, un gran impulso el hecho de convertirse en papá”, explica.
Su crecimiento dentro del medio no fue inmediato ni sencillo. Pancho tuvo que conocer cada parte del trabajo audiovisual, desde las tareas técnicas hasta la producción completa de contenidos, una formación que le permitió entender la televisión desde sus raíces.
“Mi papá empezó desde de jalacables, asistente de camarógrafo, camarógrafo, o sea, él fue escalando, haciéndose carrera”, recuerda su hija.
Esa trayectoria desde abajo marcó su manera de trabajar, pues nunca perdió la conexión con los procesos técnicos y siempre mantuvo una cercanía con las herramientas que utilizaba para contar historias.
La obsesión por crear y perfeccionar cada imagen
Quienes conocimos a Pancho Zepeda en el ámbito profesional, recordamos a un hombre que podía pasar horas frente a una computadora, concentrado en una edición, buscando mejorar una producción o intentando encontrar la manera más precisa de transmitir una idea.
Para Yhusy, esa disciplina era una de las características que definían a su padre, ya que no solamente trabajaba por cumplir una responsabilidad, sino porque encontraba satisfacción en perfeccionar cada detalle de lo que hacía.
“Siempre estaba muy dedicado. Yo lo recuerdo todo el tiempo con su computadora, su equipo. Le gustaba mucho como aislarse un poquito para dedicarse y pasaba horas y horas haciendo lo que tanto él más amaba”, señala.
Después de sus primeros años en el sistema estatal, Pancho decidió emprender nuevos proyectos y creó una productora independiente, y aunque esa etapa representó una apuesta personal por buscar nuevas oportunidades y demostrar la capacidad que había construido durante sus primeros años de formación.
La oportunidad más importante llegó cuando ganó un concurso que le permitió obtener la corresponsalía de Televisa, un momento que significó un cambio profundo en su carrera y que abrió la puerta a nuevas responsabilidades dentro de la televisión.

Con el tiempo llegó a convertirse en gerente de producción y postproducción de Canal 13, un cargo que alcanzó siendo todavía joven y que reflejaba el nivel de preparación que había acumulado.
Para Yhusy, parte del éxito de su padre estuvo en que nunca dejó de aprender. Aunque ya tenía experiencia y reconocimiento, continuó buscando herramientas para mejorar su trabajo.
“Siempre fue muy pendiente de estar mejorando, se estuvo él inscribiendo cuanto curso podía”, relata.
Esa búsqueda constante lo llevó a tomar cursos especializados y a prepararse en distintas áreas relacionadas con la comunicación y la imagen.
Incluso tuvo la oportunidad de desempeñarse como asesor de imagen de un gobernador, una experiencia que también aprovechó para seguir creciendo profesionalmente.
Su talento, combinado con la preparación, le permitió desarrollar una capacidad que sorprendía incluso a él mismo.
“Él dice mucho que le sorprendía a él mismo cómo podía ir mejorando y aparte el tiempo, lo que a lo mejor a muchos les costaba muchas horas o días en realizar una edición y todo esto, él la podía hacer en lapsos muy cortos”, explica su hija.
Entre el Papa, Colosio y los personajes que pasaron frente a su cámara
La carrera de Francisco Javier Zepeda también estuvo marcada por encuentros con personajes que parecían pertenecer a mundos distintos; desde artistas y políticos hasta figuras religiosas y personas relacionadas con fenómenos poco comunes, su trabajo lo llevó a escenarios que pocas personas podían presenciar.

Yhusy recuerda algunas historias que su padre le compartió durante años, momentos donde tuvo la oportunidad de estar cerca de figuras históricas.
Uno de esos recuerdos fue cuando estuvo a pocos metros del papa Juan Pablo II durante una cobertura.
“Me comentó que estaba como a menos de dos metros de distancia que le tocó estar del Papa Juan Pablo II”, recuerda.
Sin embargo, a diferencia de otras personas que habrían intentado acercarse para buscar un contacto o una fotografía, Pancho Zepeda decidió mantener la distancia y observar aquel momento desde la responsabilidad profesional.
Yhusy explica que su padre no era una persona profundamente religiosa, por lo que vivió aquella experiencia desde otro lugar, como un periodista que tenía la oportunidad de presenciar un momento histórico.
También estuvo cerca de figuras políticas como Luis Donaldo Colosio, además de artistas y personajes del espectáculo que formaron parte de sus años de cobertura.

Pero detrás de esas historias llenas de encuentros extraordinarios también existía una profesión marcada por los riesgos.
La otra cara del periodismo: amenazas y coberturas peligrosas
La televisión también llevó a Francisco Javier Zepeda a escenarios complicados, y es que no todas las historias estaban rodeadas de reflectores y personajes famosos, algunas estuvieron relacionadas con situaciones de peligro donde el trabajo periodístico implicaba exponerse.

Yhusy cuenta que su padre prefería reservarse muchas de esas experiencias, principalmente por proteger a su familia.
“Mi papá se reservaba muchas cosas, yo creo que también por protección a nosotros”, explica.
Entre los pocos detalles que llegó a compartir estaba un episodio en el que aseguró haber sido investigado y donde incluso un presidente municipal habría intentado llevarlo a prisión.
“Lo único que me llegó a decir es que hubo un momento donde sí estuvo investigado y que por ahí un presidente hasta intentó meterlo a la cárcel”, recuerda.
Esa parte de su profesión fue una de las razones por las que Pancho Zepeda no quería que sus hijos siguieran el mismo camino.
Había conocido la parte luminosa del periodismo, pero también las presiones, los riesgos y las consecuencias que podían surgir cuando una cobertura incomodaba intereses.
El talento que convivió con sus propias batallas

La vida profesional de Pancho estuvo llena de reconocimientos y momentos que pocos periodistas pueden contar, pero su historia también estuvo marcada por dificultades personales.
Yhusy recuerda que la presión del trabajo, la intensidad de las jornadas y el ambiente que rodeaba algunas coberturas fueron factores que influyeron en una etapa complicada de su vida relacionada con los excesos.
La misma profesión que le permitió tocar escenarios extraordinarios también lo llevó a convivir con ambientes donde las celebraciones después de los eventos podían prolongarse durante horas.
“Fue cuando mi papá justo empezó con su tema de adicciones, por lo mismo del estrés, la presión del trabajo”, relata.
Durante años su familia intentó apoyarlo para que pudiera recuperarse, aunque la exigencia laboral y la demanda que existía por su talento hicieron más difícil que pudiera completar los procesos necesarios.
Con el paso del tiempo su salud comenzó a deteriorarse hasta enfrentar una enfermedad renal en fase terminal.
Sin embargo, incluso cuando su cuerpo comenzaba a fallar, Pancho mantuvo la misma relación con el trabajo que había tenido desde joven.
“Nunca dejó de trabajar nunca, se conectaba a las máquinas, iba a hemodializar e incluso se llevaba el teléfono y le daban chance de que estuviera ahí haciendo su trabajo”, cuenta Yhusy.
La cámara, aquella herramienta que había encontrado cuando buscaba un futuro para su hija, permaneció con él hasta el final.
El toro, la hija y los recuerdos que quedaron fuera de la televisión
Fuera de los estudios y las coberturas, Francisco Javier Zepeda tenía otra pasión que compartió con Yushy: los toros.
Antes de dedicarse completamente a la comunicación, Pancho quiso convertirse en matador y llegó a entrenar, torear vaquillas y avanzar hasta convertirse en novillero, pero una cornada cambió su destino.
Yhusy recuerda que su padre le contaba cómo un toro lo embistió en Moroleón y terminó en la enfermería, una experiencia que lo llevó a decidir que prefería mirar la fiesta brava desde otro lugar.
“Dice que no volvió a salir de ahí, o sea que ahí dijo, no, yo prefiero ver los toros desde la barrera”, relata.
Esa pasión terminó convirtiéndose también en un vínculo entre padre e hija, pues Yushy siguió sus pasos dentro del mundo taurino, llegó a vestirse de luces y compartió con él momentos que quedaron lejos de las cámaras.
Uno de los recuerdos más importantes ocurrió en la Plaza de Toros de La Barca, Jalisco, cuando un toro la embistió y su padre entró al ruedo para auxiliarla.
“Mi papá es el primero que se lanza al ruedo para hacer el quite y que me quitaran al toro”, recuerda.
Más allá del periodista reconocido, Yhusy guarda la imagen de un padre que también compartía sus gustos, que disfrutaba acompañarla y que encontraba en la cultura, la gastronomía y las tradiciones una forma de conectar con su familia.
Francisco Javier Zepeda construyó su vida alrededor de las historias de otros, pero al final dejó una propia: la de un hombre que encontró su camino cuando nació su hija, que convirtió una cámara en una extensión de su mirada y que, incluso en sus últimos días, permaneció fiel al oficio que le dio sentido a su existencia.

