Ganar perdiendo
Foto. Cortesía

Francisco Lemus | Twitter: @PacoJLemus

Contrario a lo que ha pregonado desde hace semanas, la oposición política tiene poco o nada que celebrar tras las jornadas de revocación de mandato y los debates para la reforma en materia de energía eléctrica de esta semana. Morena no sólo tiene un voto duro e inamovible cercano a los 14 millones, además tiene material para su propaganda.

Antes, durante y después del controvertido proceso de revocación de mandato que prácticamente nadie pidió y que fue promovido desde el poder, la oposición trató por todos los medios de desconocer el proceso, y en ello se sumó el Instituto Electoral, dejando en claro que estaban lejos de ser neutrales en su postura.

Aunque los números quedaron lejos de tener el peso necesario para lograr impactar sobre el gobierno federal actual, quedó demostrado que hay un número casi incondicional que mantiene su apoyo al presidente y su partido, eso sin contar a muchos otros que o no pudieron o no consideraron vital ejercer su derecho-obligación ciudadana.

No hay en México un solo personaje político que pueda presumir esos números. A los números ahora se debe sumar la presunción de una causa nacionalista y popular, que se la ha brindado el debate en torno a la reforma electrica.

Tras el debate y revés aplicado al gobierno federal en torno a la reforma, quedó claro que ya no sólo el PRD es un apéndice del PAN, ahora el blanquiazul puede presumir que los priístas son su nuevo accesorio. Lejos de con ello garantizar un proyecto alternativo coherente, solo demuestran ser movidos por su antagonismo al presidente.

Así mismo, ante los ojos de los simpatizantes, así como de una parte del electorado que jamás ha simpatizado, ni simpatizará con el panismo y su proyecto de corte neoliberal, entregado por lo general a los intereses económicos de extranjeros; este bloque opositor solo figura como enemigo de los intereses del grueso de los mexicanos.

Para completar la ofensiva presidencial, la táctica de “hacerle bolita” al presidente y su partido les deja muy mal parados, mientras que la agresiva propaganda que los tilda de “traidores a la patria” (que en otro momento el PRI hubiera capitalizado muy bien) suena a música para los oídos de millones que estaban y siguen inconformes con la política de corte neoliberal.

De aquí a los menos de 30 meses que le restan de gobierno al presidente, puede estar tranquilo y seguir dedicando su tiempo y los recursos del gobierno a rounds de sombra sin sentido, como sus peleas con presentadores de noticias o periodistas críticos.

No se confundan estas conclusiones con un canto de celebración, porque hay muy poco que celebrar, por una parte con una oposición sin principios, ideología o por lo menos un poco de vergüenza; y por el otro, un gobierno hinchado de soberbia que poco tiene que hacer, sobre todo en términos de compromiso con sus votantes, para mantener su hegemonía.

Por los próximos meses la estrategia seguirá siendo la misma, mentiras a medias o completas, por parte de ambos bandos, gritos y sombrerazos, escándalos sin mucho trasfondo, discusiones triviales -cuando no vulgares- y cooptaciones y traiciones políticas semana a semana.

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Si bien reconozco, que en términos de políticas sociales, este gobierno ha tenido varios aciertos, en términos de política -cultura política- el nivel es cada día más decadente, a la vez que los temas de impartición de justicia, que tanto lastiman a México, están en total abandono.

Solo somos espectadores, simples consumidores, de toneladas y toneladas de comunicación basura.