foto: Cortesía

Retomo el tema de nuestra Universidad Nicolaita, porque me parece que es un asunto de alta prioridad, no solo para los universitarios, sino para la sociedad en general. Es la Universidad Michoacana quien forma los profesionistas que sirven a los michoacanos, por ello no es cosa menor lo que sucede en la misma.

Tras poco más de dos meses de la toma de sus instalaciones y al parecer la sinrazón gobernó la mayor parte del tiempo y movió a los supuestos rechazados.

No valieron los llamados al diálogo de las autoridades universitarias, ni tampoco se logró la liberación total con las nuevas convocatorias de ingreso lanzadas especialmente para que estos “rechazados” pudieran acceder a una carrera universitaria. El asunto es que la toma afectó a miles de estudiantes que junto con sus familias hacen enormes sacrificios para mantenerse en esta ciudad capital y así acceder a la educación superior que generosamente brinda la máxima casa de estudios.

Los daños que se contabilizan son mayores, por ejemplo, me dicen varios estudiantes de la escuela de idiomas que es inevitable la pérdida del semestre y en consecuencia la afectación directa a muchos que tenían las posibilidades de intercambios estudiantiles en otros países.

Además, el robo, la rapiña, el hurto se hicieron presentes en las instalaciones universitarias. Muchos michoacanos con asombro nos enteramos como los peces endémicos de una facultad fueron robados; muchas otras cosas seguramente se podrán contabilizar como saldo del problema.

Siempre me he manifestado en favor de la educación y de la apertura para los jóvenes más necesitados, inclusive cuando  provengan de otros estados, sin embargo, no podemos dejar de señalar lo lamentable que resulta este movimiento a más de dos meses de iniciado.

Los rechazados enarbolan la bandera de los más desprotegidos y de una supuesta lucha de clases donde ellos tienen la mala fortuna de ser de escasos recursos, como si dicho supuesto los legitimara para delinquir y afectar a miles de jóvenes estudiantes y en general a la sociedad michoacana.

Un estado de cosas como el que acontece ya no puede tolerarse, menos en un sociedad democrática donde el principio de legalidad debe ser el rasgo distintivo.

Las medidas a tomar son variadas y deben ser dentro del marco de la ley.

Es cierto, muchas escuelas y facultades jamás suspendieron las actividades no obstante el movimiento que siempre acosó y persiguió tanto a docentes como estudiantes. En este supuesto de responsabilidad se encuentran los sistemas  abierto y a distancia de la Facultad de derecho y Ciencias Sociales que no suspendieron actividades, lo que evidentemente constituye un esfuerzo digno de reconocerse. Muchas otras áreas siguieron con sus actividades normales ya dentro de las instalaciones universitarias o con actividades extramuros. Responsabilidad y compromiso es el signo característico en los que asumieron esta actitud ante la adversidad de la toma.

El asunto es ¿Cómo recuperar el tiempo perdido?

En principio es necesario generar un gran pacto entre profesores alumnos, trabajadores y directivos para no cerrar el curso hasta concluir satisfactoriamente los programas escolares. Todos tenemos algo que hacer para rescatar a nuestra universidad y regresarle la dignidad manchada por la necedad y la sinrazón.

Entre las medidas que se pueden adoptar podemos anotar las siguientes: no más “puentes” ni suspensiones, generar un pase de lista riguroso a los alumnos y, por supuesto a los profesores y seguimiento puntual al avance de los programas por sección.

Creo que cada escuela debe proponer a la brevedad las estrategias más adecuadas, aquí las omisiones no se valen, el curso no puede quedarse a un 70% o menos, bajo ninguna circunstancia, sería muy lamentable que las autoridades universitarias lo permitieran.

Todos debemos suscribir el pacto

Hoy la Universidad requiere del compromiso de todos los nicolaitas para atenuar los altos daños que ya se han causado.

Por ejemplo, lo que no debe permitirse y que resulta muy lamentable, es que muchos estudiantes dejaron de asistir en forma regular a clases debido al “puente de día de muertos”, como si estuviéramos en las mejores circunstancias, esto no se entiende que suceda sino con  la omisión y falta de responsabilidad de los directivos universitarios.

Por ello es necesario asumir un gran pacto en favor de la Universidad, para rescatarla de este artero ataque que está sufriendo.

Ha llegado la hora de corresponder a la nobleza de nuestra centenaria institución.

No hay tiempo que perder o tendremos que asumir el juicio de la historia.

emartineziv@hotmail.com


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