sicarios arrepentidos crimen organizado 1
Sicarios del crimen organizado, arrepentidos | Imagen: capturas de video

Testimonios de presuntos sicarios arrepentidos, advierten a los jóvenes las duras consecuencias de unirse al crimen organizado

Morelia, Michoacán.- Personas que aseguran haber formado parte de estructuras vinculadas al crimen organizado difundieron testimonios en los que advierten a jóvenes sobre las consecuencias de incorporarse a grupos del narcotráfico, una actividad que, afirman, termina frecuentemente en desapariciones, asesinatos, encarcelamientos y familias destruidas.

Lejos de la narrativa que suele presentar a las organizaciones criminales como una vía rápida para obtener dinero o reconocimiento, los relatos exponen historias marcadas por la pérdida de seres queridos, la violencia cotidiana y la imposibilidad de construir un proyecto de vida fuera de la ilegalidad.

Los testimonios de sicarios del crimen organizado arrepentidos

El primer testimonio describe el caso de un joven de apenas 18 años que desapareció después de incorporarse a actividades relacionadas con la delincuencia organizada.

“Me buscó un primo para pedirme jale. Quería cambiar. Le di quebrada para que se fueran a un punto. Acá que tenerlo guachado, poder verlo. Tenía 18 años el güey. Hace tres meses lo levantaron”, detalló.

El testimonio retrata una realidad frecuente en regiones afectadas por la violencia criminal, donde organizaciones delictivas que operan en distintas zonas del país, reclutan y atraen a adolescentes y jóvenes.

Otro testimonio relató que su decisión de ingresar a la delincuencia estuvo motivada por necesidades económicas y por el deseo de ayudar a su madre, sin embargo, aseguró que el costo personal terminó siendo demasiado alto y que, cuando más lo necesitó su madre, él ya no pudo acompañarla debido a las circunstancias derivadas de su involucramiento con actividades ilícitas.

“Yo me metí a la maña para ayudar a mi jefita, pero neta, cuando ella se puso mala, yo no estuve allí. Y la verdad, pues aquí no se hace. Pónganse a trabajar, pónganse a hacer otra cosa. Aliviánense.”

El tercer relato es aún más contundente y se centra en los efectos directos de la violencia que rodea a quienes participan en este tipo de actividades.

La persona narra cómo, en cuestión de semanas, varios de sus conocidos fueron privados de la libertad o asesinados, dejando a menores de edad marcados por el trauma de presenciar hechos violentos.

“Pues la neta, compa, hace menos de un mes, güey, levantaron a dos camaradas, güey. La neta, porque andaban mal y andaban con la droga, güey. Hace menos de una semana también quebraron a un camarada, güey. Le vaciaron todo el cargador de una 40 y a la verga. Su hijo presenció, su hijo de 10 años presenció, y dejó una niña de 14 años huérfana, compa”, señala.

La reflexión final del testimonio está dirigida directamente a adolescentes y jóvenes que pudieran sentirse atraídos por la idea de integrarse a grupos criminales.

“La neta, pues no, esa madre no es para andar jugando, esa madre no es juego. Cuídense, morros, la neta no es para andar así: ‘Ah, que yo le entro’, ¡no! Acá no es un juego de esa madre. Ya saben a lo que se atienen: terminan en la cárcel, o muertos. ¿Para qué quieren? La neta no le anden buscando, cámara, está cabrón”, remató.

Los testimonios coinciden en un punto: detrás de la promesa de dinero rápido existe una realidad marcada por desapariciones, asesinatos y pérdidas familiares que terminan afectando no sólo a quienes participan directamente, sino también a sus padres, hijos, hermanos y comunidades enteras.