El arzobispo de Morelia, José Armando Álvarez Cano afirmó que la práctica religiosa pierde sentido cuando no se refleja en reconciliación, y misericordia hacia los demás, además cuestionó una fe reducida a ritos.
Morelia, Michoacán.- La práctica religiosa pierde sentido cuando no se traduce en reconciliación, perdón y misericordia hacia los demás, advirtió el arzobispo de Morelia, José Armando Álvarez Cano, al cuestionar una fe reducida a ritos, celebraciones y actos externos que no reflejan una auténtica transformación personal.
Durante su homilía dominical, el jerarca católico retomó una conversación que sostuvo recientemente con una madre de familia para ilustrar el mensaje central del Evangelio. Narró que una mujer rechazó un costoso regalo uqe uno de sus hijos le llevó con motivo del Día de las Madres porque mantenía conflictos y resentimientos con sus hermanos.
“Yo lo que quiero es que te hables con tus hermanos, yo lo que quiero es que te lleves bien con ellos, yo lo que quiero es que no les guardes rencor”, relató el arzobispo al citar las palabras de la mujer.
A partir de ese ejemplo, sostuvo que Dios da mayor valor a la misericordia que a las manifestaciones externas de religiosidad.
“Vayan y aprendan. Yo quiero misericordia y no sacrificios”, recordó, al señalar que esta enseñanza también interpela la forma en que los creyentes viven los sacramentos, la eucaristía y la oración.
“El Señor quiere misericordia”, enfatizó.
Álvarez Cano explicó que la frase cobra sentido a la luz de la vocación de San Mateo, quien antes de convertirse en apóstol era un recaudador de impuestos rechazado por la sociedad de su tiempo debido a su colaboración con el imperio romano.
Pese a ello, señaló, Jesús no observó sus antecedentes ni los señalamientos que pesaban sobre él.
“Jesús no se fija en la vida de San Mateo, se fija en lo que viene en el futuro para él”, expresó.
El arzobispo destacó que el Evangelio presenta a un Dios que llama precisamente a quienes reconocen sus errores y están dispuestos a cambiar, no necesariamente a quienes son considerados moralmente intachables.
“Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”, citó.
En ese contexto, advirtió sobre el riesgo de una religiosidad centrada en las apariencias, mientras persisten actitudes de rencor, exclusión o indiferencia hacia los demás.
También cuestionó la tendencia social a descalificar personas por su pasado o por la percepción que otros tienen de ellas, en lugar de reconocer su capacidad de transformación.
“Yo lo que quiero es que te hables con tus hermanos, yo lo que quiero es que te lleves bien con ellos, yo lo que quiero es que no les guardes rencor”, relató el arzobispo al citar las palabras de la mujer.
El prelado sostuvo que Dios mira el corazón de las personas y las posibilidades que existen en ellas, más que los errores cometidos anteriormente.
La reflexión incluyó además una crítica a las conductas de juicio y condena que, dijo, suelen reproducirse dentro y fuera de los espacios religiosos. Al referirse a los fariseos que cuestionaban a Jesús por convivir con publicanos y pecadores, llamó a evitar las etiquetas y los señalamientos contra los demás.
“¿Quiénes somos nosotros a veces para juzgar a los demás, para etiquetarlos, para ver su vida?”, cuestionó.
Añadió que existe una constante tentación de “juzgar, condenar, criticar y etiquetar a otros”, cuando la invitación del Evangelio es mirar primero la propia vida y abrirse a la misericordia.
Finalmente, llamó a los fieles a responder al llamado de Dios con generosidad y agradeció la presencia de religiosas, religiosos y peregrinos que participaron en la celebración litúrgica.


